16 millones de pobres: el ajuste ya tiene rostro y la mitad son chicos
Según la UCA, la pobreza saltó al 34,4% en el segundo trimestre y la indigencia llegó al 8%. La pobreza infantil alcanza al 48%. El deterioro se explica por la pérdida de empleo formal y la caída del salario real.
La estadística vuelve a ponerle cifras a lo que se percibe en los barrios. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que trabajó con microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la pobreza alcanzó al 34,4% de la población en el segundo trimestre de 2026. Proyectado al total del país, son más de 16,4 millones de personas. La indigencia trepó al 8%: 3,8 millones de argentinos que no logran cubrir siquiera la canasta alimentaria.
El salto es brusco: 4,4 puntos más que en el primer trimestre, cuando la pobreza se ubicaba en el 30%, y 2,6 puntos por encima del mismo período de 2025. El Gobierno suele comparar contra el pico de 54,8% de comienzos de 2024, producto de la devaluación con la que inauguró su gestión. Pero esa comparación oculta lo central: la tendencia volvió a empeorar.
Las causas no son misteriosas
El propio informe enumera los factores: pérdida de empleo registrado, pasaje a trabajos informales y precarios, caída del salario real de los asalariados formales y aumento de los alimentos por encima del índice general desde fines de 2025. Es decir, el deterioro no responde a una catástrofe natural sino a decisiones de política económica que privilegian el equilibrio fiscal y la apertura por sobre el empleo y el mercado interno.
La pobreza aumentó en 23 de los 31 aglomerados urbanos relevados. Concordia encabeza el ranking con 57,4%, mientras la Ciudad de Buenos Aires registra 12,6%. La brecha territorial reproduce, en el mapa, la desigualdad de un país donde las economías regionales y los cordones industriales absorben el impacto más duro.
Una generación en riesgo
El dato más grave es el de la infancia: el 48% de los menores de 18 años es pobre y el 12,1% vive en la indigencia. Casi uno de cada dos chicos crece en hogares que no cubren sus necesidades básicas. Las consecuencias de esa privación —en nutrición, escolaridad y salud— no se revierten con un rebote del PBI: acompañan a una generación entera.
Frente a este cuadro, la discusión no puede reducirse a la metodología ni a si los datos son privados u oficiales. Lo que está en juego es un modelo de país. La justicia social, que el peronismo convirtió en doctrina, no es asistencialismo: es la idea de que el crecimiento debe medirse por el bienestar de las mayorías y que ningún ordenamiento macroeconómico es exitoso si deja a la mitad de los chicos afuera.
Con información de Perfil.
