La mesa de los argentinos sin carne: el consumo cae al nivel más bajo de la historia

Según CICCRA, el consumo per cápita se derrumbó a 45,4 kilos anuales. Frigoríficos despiden trabajadores y suspenden turnos mientras crecen las exportaciones. El modelo agroexportador le quita el asado al pueblo.

La mesa de los argentinos sin carne: el consumo cae al nivel más bajo de la historia
Asado argentino a la llama

En un país que construyó buena parte de su identidad alrededor de la carne vacuna, el dato es doloroso. Según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo se ubicó en 45,4 kilos por habitante por año a septiembre, el nivel más bajo desde que existen registros. Son 5,3 kilos menos que el año pasado y 23,5 kilos por debajo del pico de 68,9 kilos alcanzado en 2008.

La caída no responde a un cambio cultural ni a nuevas preferencias alimentarias. Responde al bolsillo. Con salarios deprimidos y precios que siguen subiendo —en La Plata la carne picada aumentó 6,5% solo en octubre—, las familias trabajadoras reemplazan proteínas o directamente reducen porciones. La carne, alimento popular por excelencia, se convierte en un bien de lujo.

Mientras tanto, la producción se orienta cada vez más hacia afuera. El mercado interno absorbió apenas el 69,7% de la producción en los primeros nueve meses, cuatro puntos menos que en 2025. El aumento de las exportaciones y la menor oferta presionan sobre los precios locales: lo que gana el negocio exportador lo pierde la mesa de los argentinos.

El impacto también golpea al empleo. La faena de septiembre cayó 11%, el registro más bajo para ese mes en ocho años. El frigorífico Friar despidió a 80 trabajadores y suspendió un turno en su planta de Reconquista. Ecocarnes redujo su faena de 11.466 a 7.396 cabezas en un mes y pagó apenas parte de los salarios, lo que derivó en medidas de fuerza de más de 300 operarios. Arrebeef acumula una baja del 14,6% en el año.

El peronismo entendió históricamente que la carne no es solo una mercancía sino un componente del salario real y de la dignidad popular. Por eso impulsó políticas para garantizar el abastecimiento interno a precios accesibles. El actual Gobierno hizo lo contrario: liberó exportaciones, eliminó controles y dejó que el precio internacional se imponga sobre la mesa familiar.

Recuperar el consumo exige recomponer salarios, ordenar la cadena y proteger a los frigoríficos que abastecen al mercado interno y sostienen miles de empleos en el interior. Un país que produce alimentos para 400 millones de personas no puede aceptar que su propio pueblo coma cada vez menos.