Crónica de una implosión anunciada: el oficialismo se desarma en el Senado
La interna entre Karina Milei, los Menem y Patricia Bullrich amenaza con partir el bloque libertario. Sin el respaldo de Washington, el proyecto de La Libertad Avanza muestra su fragilidad estructural.
Los proyectos políticos que se construyen sin organización, sin territorio y sin programa suelen tener una vida corta. El experimento libertario empieza a confirmarlo. En su última columna en La Política Online, Ignacio Fidanza describe un oficialismo atravesado por la fragmentación, a la que define como "el momento previo a la desintegración".
El escenario central es el Senado. Según la columna, Karina Milei y los Menem pretenden desplazar a Patricia Bullrich de la jefatura del bloque y reemplazarla por la neuquina Nadia Márquez, sin siquiera consultarla. Al menos cinco senadores libertarios estarían evaluando armar un bloque propio antes de febrero. Y los votos para eliminar las PASO, una de las obsesiones del Gobierno, no aparecen.
La pelea no es solo de nombres. Expone la naturaleza de una fuerza que llegó al poder montada sobre el hartazgo social, pero que nunca construyó una estructura propia. Su gobernabilidad dependió de tres soportes externos: el préstamo de votos del PRO y de sectores de la vieja política, la complacencia de los grandes grupos económicos y, sobre todo, el auxilio financiero de Donald Trump.
Ese último pilar es el que acaba de crujir. La derrota republicana en Estados Unidos y las dudas sobre la continuidad del swap dejaron al Gobierno sin red. Un fundador del movimiento libertario lo resumió con crudeza ante el columnista: "si esto se complica podemos desintegrarnos".
Desde una mirada nacional y popular, la lección es evidente. Un país no se gobierna con alineamientos automáticos ni con la ilusión de que un salvataje externo reemplaza a un proyecto de desarrollo. La subordinación a Washington no fue una estrategia: fue una apuesta, y las apuestas se pierden.
El riesgo, sin embargo, no es solo para el oficialismo. Una crisis de gobernabilidad en medio de una recesión puede derivar en mayor inestabilidad para los que menos tienen. Por eso la oposición tiene una responsabilidad: no limitarse a observar la descomposición ajena, sino ofrecer una salida ordenada que ponga en el centro el trabajo, la producción nacional y la reconstrucción del Estado.
La historia argentina enseña que los modelos de ajuste terminan, tarde o temprano, chocando con la realidad. Lo que define el futuro es quién está preparado para hacerse cargo de lo que viene.
