2027 ya empezó: un país que quiere cambiar y una oposición que todavía no sabe cómo
El análisis de Carlos Pagni en La Nación confirma que el malestar con Milei es mayoritario. La pregunta es si el peronismo podrá convertir ese descontento en una alternativa de poder.
Hasta los analistas más cercanos al establishment empiezan a admitir lo que la calle grita hace meses. En una extensa entrevista con La Nación, Carlos Pagni trazó el mapa de la sucesión de 2027 a partir de un dato contundente: según las encuestas que cita, "60% del electorado quiere que esto cambie, 70% no quiere volver atrás".
La frase encierra el principal desafío político del momento. Hay una mayoría social que rechaza el rumbo del Gobierno, pero que todavía no encuentra una representación que la convoque. El propio Pagni describe con precisión ese malestar cotidiano: "los precios no se mueven como antes, pero el salario no me alcanza". Es la síntesis de un modelo que estabilizó los números a costa del bolsillo de los trabajadores.
En el mapa del poder, el analista anticipa una elección fragmentada, con "dos antiperonismos" y quizás "dos peronismos". Patricia Bullrich esperaría que a Milei "le vaya muy mal" para lanzarse; Mauricio Macri demora definiciones apostando a que los desencantados superen a los convencidos; Sergio Massa calcula que el balotaje favorece al candidato con menor imagen negativa. Y Cristina Fernández de Kirchner, según su lectura, aguarda para "dar vuelta la carta hasta último momento", mientras la relación con Axel Kicillof sigue abierta.
Conviene discutir una de sus afirmaciones centrales: que el próximo gobierno difícilmente desarmará la "racionalidad económica" actual. Esa idea, presentada como sentido común, es en realidad una posición política. Supone que el equilibrio fiscal logrado con licuación de jubilaciones, paralización de obra pública y cierre de pymes es un punto de partida inamovible. No lo es. Existe otra racionalidad posible: la del crecimiento con inclusión, el mercado interno, la industria y el trabajo registrado.
El "no volver atrás" que registran las encuestas tampoco debería leerse como una condena al peronismo, sino como una exigencia: la sociedad no quiere repetir errores, quiere soluciones. Eso obliga al campo nacional y popular a renovar propuestas, dirigentes y formas de hacer política, sin renunciar a sus banderas históricas.
La disputa de 2027 no será solo electoral. Será una discusión sobre qué país queremos: uno de exportación primaria y finanzas, o uno de producción, trabajo y justicia social. La oposición tiene dos años para responder esa pregunta con unidad y programa.
