El país real no espera: sin producción y trabajo, la estabilidad es un decorado

Mientras la dirigencia discute candidaturas para 2027, millones de argentinos discuten cómo llegar a fin de mes. La macroeconomía ordenada no alcanza si la industria se apaga y el empleo se precariza.

El país real no espera: sin producción y trabajo, la estabilidad es un decorado
Imagen ilustrativa generada con IA

La agenda política argentina parece haber entrado en modo campaña con un año de anticipación. Encuestas, alianzas, internas y candidaturas ocupan el centro de la escena. Pero en el país real la conversación es otra: cómo llegar a fin de mes, cómo conservar el empleo, cómo recuperar un salario que perdió poder adquisitivo y cómo acceder a un crédito que no sea usurario.

Esa distancia entre la superficie del debate y la vida cotidiana no es nueva, pero hoy resulta especialmente peligrosa. El Gobierno presenta el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación como un logro histórico. Sin embargo, una estabilidad que convive con la recesión, el cierre de fábricas y el aumento de la pobreza no es un punto de llegada: es, en el mejor de los casos, un decorado.

La pyme como termómetro

Basta mirar la situación de una pequeña o mediana empresa para entender el problema. Soporta impuestos en los tres niveles del Estado, costos logísticos y energéticos crecientes, tasas de interés que vuelven imposible financiarse y, sobre todo, una demanda interna que se derrumbó. A eso se suma una apertura importadora indiscriminada que la obliga a competir en condiciones desiguales con producción subsidiada del exterior.

Cuando una fábrica cierra no se pierde solo una fuente de empleo. Se pierden proveedores, saberes técnicos acumulados durante décadas y comunidades enteras que giraban alrededor de esa actividad. Esa trama no se reconstruye por decreto cuando el ciclo cambia.

Vaca Muerta no alcanza

El oficialismo responde con la promesa de Vaca Muerta, la minería, el agro y las inversiones del RIGI. Son oportunidades reales, pero concentradas en sectores intensivos en capital, que generan divisas sin generar empleo masivo, y cuya renta, sin una estrategia nacional, se fuga con la misma facilidad con la que ingresa. La pregunta que nadie en el Gobierno responde es qué hacer, mientras tanto, con las industrias instaladas, con sus trabajadores y con los jóvenes que buscan su primer empleo.

La tradición nacional y popular tiene una respuesta: no hay soberanía política sin independencia económica, y no hay independencia económica sin un entramado productivo diversificado, con mercado interno fuerte y salarios dignos. Eso exige una agenda concreta —crédito productivo, administración inteligente del comercio exterior, alivio tributario para quien produce y emplea, energía a costos competitivos— que la dirigencia, oficialista y opositora, debería poner por delante de las candidaturas. El país no puede esperar a que termine la campaña.

Con información de Infobae (columna de Darío Parlascino).