Milei en Madrid: del insulto a Sánchez al aislamiento de una diplomacia ideológica
En la Cumbre Iberoamericana, el Presidente volvió a cargar contra el socialismo y recibió una respuesta seca de Pedro Sánchez. Detrás del cruce, una política exterior que confunde alineamiento personal con interés nacional.
La Cumbre Iberoamericana de Madrid dejó una postal que resume la política exterior del Gobierno. Javier Milei subió al plenario para sostener que el socialismo es "fascista en política" y el fascismo "socialista en economía", y para advertir que las agendas progresistas ganan terreno en Europa. Pedro Sánchez, anfitrión del encuentro, respondió ante la prensa con una frase breve: el insulto no forma parte de su manera de entender la política. "Ahí lo dejo", cerró.
Fue el primer encuentro cara a cara entre ambos en casi tres años de agravios públicos. El saludo en el Palacio Real fue frío, y no podía ser de otro modo: apenas un mes atrás, en su visita anterior a España, Milei había llamado "dictador" al jefe de Gobierno español.
Una diplomacia de tribuna
Más allá de la anécdota, el episodio expone un problema estructural. España es uno de los principales inversores en la Argentina, con presencia en energía, telecomunicaciones, banca y servicios. La relación con Madrid no es un asunto de afinidades ideológicas sino de intereses concretos: empleo, inversión, acceso al mercado europeo en plena discusión del acuerdo Mercosur-Unión Europea.
La diplomacia argentina tuvo, en sus mejores momentos, una tradición de autonomía: la Tercera Posición de Perón, la defensa del principio de no intervención, la búsqueda de márgenes propios entre las potencias. El Gobierno actual reemplazó esa tradición por un alineamiento automático con la internacional de la ultraderecha —el mismo día del plenario, Milei se reunió con Santiago Abascal, líder de Vox, y faltó a la apertura oficial de la cumbre— y por una retórica que convierte cada foro multilateral en una extensión de las redes sociales.
El costo del aislamiento
El problema es que los aliados de esa estrategia atraviesan un momento de retroceso. La derrota republicana en las elecciones de medio término en Estados Unidos y el triunfo de Lula en Brasil reconfiguran el mapa regional y global. En ese contexto, dinamitar puentes con gobiernos que seguirán estando ahí cuando cambien los vientos no es audacia: es imprudencia.
Sánchez, en la conferencia de cierre, insistió en que los presidentes deben unir a sus países en los espacios multilaterales. La frase fue una respuesta diplomática, pero también un recordatorio de algo que la Argentina supo practicar: la política exterior es una herramienta de desarrollo, no una tribuna para la batalla cultural. Cuando se la usa para lo segundo, quien paga es el país.
Con información de La Nación.
