Se cae el andamiaje externo: la derrota de Trump deja al proyecto Milei sin red

El revés republicano en Estados Unidos y el triunfo de Lula en Brasil reconfiguran el tablero. El Gobierno apostó todo a un alineamiento personal y hoy descubre la fragilidad de esa jugada.

Se cae el andamiaje externo: la derrota de Trump deja al proyecto Milei sin red
Imagen ilustrativa generada con IA

Hay derrotas que trascienden las fronteras del país donde ocurren. La que sufrió el Partido Republicano en las elecciones de medio término de Estados Unidos es una de ellas. Sumada al triunfo de Lula en el balotaje brasileño del 25 de octubre —51,76% contra 48,24% de Flávio Bolsonaro—, configura un cambio de clima regional que golpea de lleno al Gobierno argentino.

No se trata de una simpatía ideológica. El programa económico de Javier Milei se sostuvo, en momentos críticos, en un respaldo político y financiero explícito de Donald Trump, que incluyó la línea de 20.000 millones de dólares otorgada en 2025. El Gobierno no construyó una relación de Estado con Estados Unidos: construyó una relación personal con un presidente. Y las relaciones personales son tan sólidas como el poder de quien las sostiene.

La plutocracia también pierde

La derrota republicana tiene una lectura que en la Argentina conviene no pasar por alto. Elon Musk habría invertido unos 500 millones de dólares en el ciclo electoral; aun así, la nafta a 4,48 dólares el galón y el malestar económico pesaron más que la billetera de los multimillonarios. Una encuesta de Fox News indicó que el 61% de los votantes veía el precio del combustible como un problema grave. El bolsillo, otra vez, decidió.

Un informe del CEPA advirtió que un revés para Trump podría mejorar las condiciones financieras globales, pero debilitar el respaldo político al programa económico argentino. Es la paradoja de un modelo que hizo de la dependencia una estrategia: lo que alivia al mundo, inquieta a la Casa Rosada.

Un oficialismo que se repliega

Las señales internas confirman el desconcierto. Karina Milei suspendió la reunión de la mesa política, Patricia Bullrich aprovechó el vacío para mostrarse con juego propio y el Presidente compartió en redes un mensaje que ponía en duda el sistema de votación estadounidense, aunque sin impugnar resultados. Es el reflejo de una fuerza política que pensó su lugar en el mundo como un club de afinidades y no como una estrategia nacional.

La lección es antigua y el peronismo la formuló hace ochenta años: ni yanquis ni marxistas, una política exterior que no dependa de los humores de ninguna potencia. La soberanía no es una consigna nostálgica; es la condición para que el destino de un país no se defina en las urnas de otro.

Con información de El Destape (columna de Adrián Murano).