La lealtad histórica exige un programa común para detener el saqueo libertario
En un 17 de Octubre atravesado por la fragmentación territorial y el debate interno, el movimiento nacional-popular conmemora su gesta fundacional sin un escenario unificado. Más allá de la disputa de liderazgos, la encrucijada estratégica exige transformar la diversidad de convocatorias en un programa concreto contra el ajuste social y en defensa de los sectores populares.
La conmemoración del Día de la Lealtad encuentra al movimiento peronista disperso en múltiples escenarios territoriales: desde el acto de Axel Kicillof en González Catán y la presencia de Máximo Kirchner en Chaco, hasta las movilizaciones de la militancia y los pronunciamientos de la central obrera. Esta fragmentación organizativa, leída precipitadamente por el relato hegemónico como mera "interna en llamas", expone en realidad una tensión de fondo sobre el rumbo táctico de la oposición política frente al ajuste salvaje que ejecuta el Poder Ejecutivo nacional.
Reducir el 17 de Octubre a una disputa cupular por posiciones de poder distorsiona el sentido histórico del hecho fundacional de 1945. La lealtad no se agota en la adhesión a nombres propios ni en la contabilidad de lealtades sectoriales, sino en la fidelidad irrenunciable a los principios de justicia social, soberanía política e independencia económica. En el actual contexto recesivo —marcado por la destrucción de la industria nacional, la precarización del trabajo y la transferencia de ingresos hacia la elite financiera—, la atomización dirigente atenta directamente contra la capacidad de respuesta de los sectores agredidos por el modelo económico.
Las demandas planteadas por las organizaciones sindicales y los movimientos sociales señalan que la urgencia popular no admite dilaciones endogámicas. La reconstrucción de un horizonte de esperanza requiere canalizar la representatividad territorial —que sostiene batallas diarias en intendencias, provincias y gremios— hacia un programa de liberación nacional que vuelva a colocar en el centro al movimiento obrero organizado y a las mayorías desposeídas.
La encrucijada actual impone dejar atrás la disputa de egos para consolidar una síntesis política con vocación transformadora. Frente a un poder económico y mediático articulado para fragmentar las resistencias populares, la única lealtad efectiva es la que se traduce en unidad de acción para frenar el desmantelamiento del Estado, defender el trabajo argentino y construir una alternativa capaz de devolverle al pueblo el derecho a un futuro digno.
