Dos de cada tres argentinos reprueban a Milei: la encuesta que retrata el fin de la luna de miel
Un relevamiento de Pulso Research muestra que el 66,4% evalúa mal al Gobierno, que el desempleo ya es la principal preocupación y que la mayoría responsabiliza al Presidente por la crisis económica.
Los números de la opinión pública empiezan a reflejar lo que se vive en los barrios, las fábricas y los comercios. Según la Brújula Social de Pulso Research de octubre, publicada por Perfil, el 66,4% de los argentinos considera que el Gobierno de Javier Milei gestiona mal o muy mal, frente a un 28,9% que lo aprueba. El 61,9% sostiene que el país va en la dirección incorrecta.
El dato político más relevante, sin embargo, es otro: el 51% atribuye los problemas económicos a las decisiones recientes del propio Milei, mientras que solo el 36,6% sigue culpando a la gestión anterior. La "pesada herencia", argumento central del oficialismo durante casi tres años, perdió eficacia. La sociedad ya no discute el pasado: evalúa el presente.
Y ese presente tiene nombre. El desempleo aparece como el principal problema del país (20,7%), por encima de la corrupción y los privilegios (19,9%) y de la economía en general (16,3%). No es casual: el cierre de pymes, la caída industrial y la apertura importadora están destruyendo puestos de trabajo formales, y la preocupación por la inflación cedió lugar a la angustia por no llegar a fin de mes o directamente perder el empleo.
En el ranking de dirigentes, Milei registra 32,4% de imagen positiva y 64,6% negativa. Mauricio Macri queda aún peor (28% contra 67,1%). En el otro extremo, Cristina Fernández de Kirchner lidera la imagen positiva con 45,1%, seguida por Axel Kicillof (41,5%) y Sergio Massa (39%). La única dirigente con saldo favorable es Myriam Bregman (37,9% positiva frente a 35,3% negativa), aunque con un alto nivel de desconocimiento.
Las encuestas no ganan elecciones, y la ficha técnica —1.500 casos online, muestra no probabilística— obliga a la prudencia. Pero la tendencia es clara y coincide con otros estudios: el consenso que permitió aplicar el ajuste más profundo desde los años noventa se está erosionando.
El desafío para el campo nacional y popular es doble. Por un lado, evitar leer el malestar como una adhesión automática: el descontento no se convierte por sí solo en proyecto. Por otro, construir una propuesta que hable de trabajo, producción y salario, que es exactamente lo que la sociedad está reclamando. La ventana se abre; ocuparla requiere unidad, programa y la capacidad de volver a representar a quienes el modelo dejó afuera.
