El error de la equidistancia: Por qué no hay lugar para tibiezas frente al saqueo de la Patria
Frente a los análisis que pretenden igualar los procesos populares con el experimento de la crueldad libertaria, surge la necesidad de reivindicar la política como herramienta de transformación. Ni "populares" ni "impopulares" es una trampa retórica: en la Argentina de hoy, o se está con el pueblo o se está con el ajuste.
Frente a los análisis que pretenden igualar los procesos populares con el experimento de la crueldad libertaria, surge la necesidad de reivindicar la política como herramienta de transformación. Ni "populares" ni "impopulares" es una trampa retórica: en la Argentina de hoy, o se está con el pueblo o se está con el ajuste.
En tiempos de crisis orgánica y ofensiva del capital trasnacional, suelen proliferar voces que, escudadas en un supuesto rigor intelectual, intentan situarse por encima de la "grieta". El reciente análisis de Eduardo Sartelli parece caer en esa tentación: la de mirar el barro de la historia desde un pedestal, sentenciando que ninguna de las opciones políticas actuales representa una salida real. Sin embargo, para el peronismo de base, esa equidistancia es, en la práctica, funcional al poder real.
La falacia de la "clase política" igualada
El argumento de que todos los gobiernos recientes han fracasado por igual en la gestión del capitalismo argentino es una zoncera pedagógica. No se puede medir con la misma vara a un proyecto que, con sus contradicciones, amplió derechos, recuperó las paritarias y puso frenos al FMI, con un régimen que hoy celebra el hambre de los jubilados y la destrucción de la industria nacional.
La idea de que los movimientos populares son simplemente "gestores del fracaso" ignora la lucha de clases latente en cada política pública. El peronismo progresista no es una abstracción; es la Asignación Universal por Hijo, son las universidades en el conurbano y es la resistencia contra el modelo de colonia que Milei intenta imponer por decreto.
El "estancamiento" como decisión política
Sartelli señala un estancamiento histórico, pero lo que omite es que ese freno no es técnico, sino político. Es el resultado del asedio constante de la oligarquía financiera y los sectores agroexportadores que se niegan a ceder un ápice de sus privilegios. Lo que el análisis "neutral" llama fracaso de gestión, nosotros lo llamamos interrupción violenta del proceso de redistribución de la riqueza.
Milei no es un "accidente" del sistema ni una opción más en un menú de impopularidad. Es la herramienta de choque de las corporaciones para terminar, de una vez por todas, con el "hecho maldito del país burgués": la capacidad de organización del pueblo argentino.
"En la política nacional, la neutralidad no existe. El que se dice 'ni uno ni otro' termina pavimentando el camino para que la derecha más rancia arrase con lo que queda de soberanía."
Recuperar la mística, organizar la esperanza
Desde una perspectiva peronista de izquierda, la respuesta no es el cinismo intelectual ni esperar un colapso purificador. La salida es política, es colectiva y es nacional-popular. La crisis del sistema no se resuelve con diagnósticos que desmovilizan, sino con la reconstrucción de un programa de liberación que vuelva a poner al trabajo como eje ordenador.
No hay nada de "popular" en el ajuste, y no hay nada de "impopular" en la defensa del bolsillo de los trabajadores. La historia argentina nos enseña que los momentos de mayor felicidad fueron aquellos donde el Estado intervino para equilibrar la balanza. Frente al desierto de ideas que propone el anarcocapitalismo y el escepticismo de cierta intelectualidad, nosotros oponemos la organización popular y la lealtad con el destino de la Patria.
