La "libertad" de desfinanciar: el Gobierno ataca al Modelo Sindical y une a trabajadores y empresarios en la resistencia

Modelo Sindical, trabajadores, empresarios

La "libertad" de desfinanciar: el Gobierno ataca al Modelo Sindical y une a trabajadores y empresarios en la resistencia

En su cruzada por atomizar la fuerza del trabajo, el oficialismo se encuentra con un límite inesperado: la propia realidad productiva. Tanto los gremios como las cámaras empresarias rechazan el intento de romper los convenios colectivos, demostrando que la organización vence al tiempo... y a la improvisación libertaria.

Dicen que el hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor. Y hoy, la vigilancia la tienen que hacer los trabajadores y las fuerzas vivas de la producción, porque el Gobierno ha decidido avanzar contra la columna vertebral del movimiento obrero: el financiamiento de los sindicatos y las cámaras empresarias.

Bajo la falsa bandera de la "libertad" y los aportes "voluntarios", lo que esconde la Casa Rosada es un intento de asfixia económica a las organizaciones que defienden el salario y la industria nacional. Pero el tiro les está saliendo por la culata. La pretendida "reforma laboral", lejos de dividir, ha generado una alianza táctica histórica entre el Capital y el Trabajo.

Los senadores "dialoguistas" —esos que a veces parecen olvidar que se deben al pueblo— han tenido que reconocer la realidad: no se puede aplicar una vara para los trabajadores y otra para los empresarios. Si el aporte solidario (ese que garantiza la salud, el turismo social y la defensa del convenio) pasa a ser "opcional" para debilitar a los gremios, las cámaras patronales exigen la misma regla, temiendo perder su propia capacidad de acción.

¿Qué está en juego? No son solo "cajas millonarias" como les gusta titular a los medios hegemónicos para estigmatizar la militancia. Son los recursos que sostienen la paz social y la negociación colectiva. Hasta el empresariado nacional entiende que, sin sindicatos fuertes, no hay interlocutor válido, y sin interlocutor, reina la anarquía del "sálvese quien pueda".

Mientras el bloque oficialista en el Senado duda y Bullrich intenta vender espejitos de colores, el peronismo advierte: tocar el aporte solidario es tocar el corazón de la solidaridad obrera. No es un costo, es una inversión en dignidad.

La situación es clara. El Gobierno quiere un país de individuos sueltos, presas fáciles del mercado. Pero la Comunidad Organizada resiste. Gremios y empresarios, cada uno con sus intereses pero unidos en la defensa de su institucionalidad, le están marcando la cancha al ajuste. Como decía el General: "Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino". Y hoy, más que nunca, para un trabajador no hay nada mejor que su sindicato de pie.

Los aliados titubean y el oficialismo se enreda en su propia telaraña ideológica. La única certeza es que los derechos no se negocian, se defienden.