Crónica de un despojo anunciado: a un año de la entrega de IMPSA, los números "cierran" pero la soberanía sangra

Crónica de un despojo anunciado: a un año de la entrega de IMPSA, los números "cierran" pero la soberanía sangra

Lo que el Gobierno festeja como el "éxito" de su primera privatización no es más que la radiografía del modelo colonial: rentabilidad para los dueños de afuera, achicamiento para la industria nacional y pérdida de capacidad estratégica para el Estado. La "eficiencia" libertaria tiene olor a despidos y a fuga de capitales.

Hace exactamente un año, en medio de aplausos de la tribuna financiera y el silencio cómplice de gran parte de la política, el gobierno de Javier Milei consumaba su primer gran golpe contra el patrimonio de los argentinos: la venta de IMPSA. Nos prometieron que la mano invisible del mercado iba a traer "lluvia de inversiones". Hoy, la única lluvia que vemos es la de las lágrimas de las familias metalúrgicas que miran el futuro con incertidumbre.

Los medios hegemónicos hoy publican balances contables con tinta verde. Nos dicen que la empresa "saneó sus cuentas" y "mejoró su perfil exportador". ¡Pero claro que los números cierran! Cierran con la gente afuera. La receta es vieja y conocida por el pueblo: achicaron la planta, ofrecieron retiros "voluntarios" que de voluntarios no tuvieron nada, y congelaron los desarrollos estratégicos que no daban ganancia inmediata en dólares.

El costo de la "libertad" de mercado

Lo que no te cuentan en los papers de la City es el valor intangible que rifamos. IMPSA no era una fábrica de tornillos; era la nave insignia de la inteligencia argentina. Era nuestras turbinas hidroeléctricas, era nuestra tecnología nuclear, era el orgullo de la industria pesada nacional compitiendo de igual a igual con los gigantes del mundo.

El Estado Nacional, durante el gobierno peronista, la había rescatado no para jugar al empresario, sino para preservar una capacidad tecnológica soberana que, una vez perdida, no se recupera más. Al privatizarla, Milei no vendió acciones; vendió soberanía energética. Pasamos de tener una empresa que trabajaba para el desarrollo del país a tener una unidad de negocios que trabaja para el dividendo de un fondo de inversión que no conoce ni el Himno Nacional.

Pan para hoy, dependencia para siempre

El informe de gestión al año de la venta destaca la "reducción del déficit". Es la lógica del almacenero aplicada a la geopolítica. Se olvidan de que la inversión estatal en tecnología es la base de la independencia económica. Al entregar IMPSA al capital privado (probablemente extranjero o socio de los grupos concentrados locales), volvimos al esquema pre-peronista: somos meros usuarios de la tecnología que nosotros mismos sabíamos fabricar.

Festejan que la empresa "vale más". ¿Vale más para quién? Para sus accionistas, seguro. Pero para el pueblo argentino, vale menos. Vale menos porque ya no es nuestra herramienta para desarrollar Vaca Muerta o Atucha sin pedir permiso ni pagar peaje.