alegría, Fútbol Libre, corporativo

alegría, Fútbol Libre, corporativo

Bajo la bandera de la "propiedad intelectual", las grandes cadenas de streaming y la justicia avanzan contra las plataformas que garantizan el acceso popular al deporte nacional. Mientras el bolsillo del trabajador se achica, ver a la Selección o al club de los amores vuelve a ser un lujo para pocos.

Lo que los medios hegemónicos presentan como un "triunfo de la legalidad" es, para millones de argentinos, una nueva barrera en el acceso a su propia identidad cultural. La ofensiva contra Fútbol Libre y sitios similares no es solo una batalla tecnológica; es el brazo ejecutor de corporaciones como Disney, DirecTV y el Grupo Clarín, que buscan blindar un modelo de negocios donde la pasión se mide en dólares y suscripciones que el pueblo ya no puede pagar.

La caída de estas plataformas pone de relieve una realidad lacerante: en la Argentina del ajuste, la "libertad" de la que tanto hablan no incluye la libertad de ver un partido de fútbol sin tener que elegir entre el cable o la comida.


La justicia al servicio del capital concentrado

El despliegue judicial para dar de baja dominios y perseguir desarrolladores ha tomado una velocidad que ya querríamos ver para las causas de fuga de capitales o estafas financieras. El argumento es la defensa de los derechos de transmisión, pero lo que se omite es que el fútbol es un bien social:

  • Precios prohibitivos: Para ver todo el fútbol, un trabajador necesita pagar el abono básico de internet, el cable, el "pack fútbol" y, ahora, plataformas adicionales de streaming. Un combo que pulveriza cualquier salario mínimo.
  • El "Fútbol para Pocos": Estamos ante la consolidación de un modelo que nos retrotrae a las épocas más oscuras del secuestro del gol, donde solo quien tiene la billetera gorda puede participar de la conversación nacional del lunes.
  • Criminalización del acceso: Mientras se persigue a quienes facilitan el acceso popular, nada se dice de los márgenes de ganancia extraordinarios de las empresas que detentan los derechos de una pasión que no inventaron.

La tecnología como herramienta de resistencia

Fútbol Libre no nació de la nada; fue la respuesta social y tecnológica ante un mercado que excluyó a las mayorías. Desde una mirada progresista, entendemos que la propiedad intelectual no puede estar por encima del derecho al esparcimiento y la cultura:

"No es piratería, es justicia distributiva en la era digital. Si el Estado no garantiza el acceso a los bienes culturales, el pueblo siempre encontrará los medios para romper el cerco que le imponen los que quieren cobrar por cada alegría", señalan analistas del campo popular.

Hacia la recuperación de la Soberanía Deportiva

La discusión de fondo que este cierre de plataformas nos impone es la necesidad de volver a políticas de Fútbol para Todos con una impronta moderna y federal. El deporte no es una mercancía más; es un ordenador social y un derecho humano en nuestra tierra.

Mientras las corporaciones celebran cada dominio bloqueado, la brecha digital y cultural se profundiza. Defender el acceso al fútbol es defender el derecho a la felicidad de un pueblo que, en medio de tanto ajuste, no está dispuesto a entregar lo último que le queda: la emoción de gritar un gol frente a la pantalla.