Industricidio y Entrega: El Gobierno cambia trabajo argentino por espejitos de colores
Bajo la falsa promesa de "abrirse al mundo", la Cancillería festeja un acuerdo bilateral con Estados Unidos que profundiza la reprimarización de nuestra economía. La letra chica del pacto es letal: entregamos el mercado automotriz nacional —y miles de puestos de trabajo calificado— a cambio de ubicar unas pocas toneladas de queso. El retorno al modelo de la colonia.
La historia se repite como tragedia. El Gobierno Nacional, en su afán dogmático de alineamiento automático con Washington, acaba de firmar un sentencia de muerte para las PyMES industriales argentinas. El nuevo acuerdo comercial, vendido por el aparato mediático oficialista como un "éxito de la diplomacia", no es más que un intercambio desigual propio del siglo XIX: Quesos por Autos.
La lógica del descarte industrial
El nudo del acuerdo es tan simple como escalofriante. Argentina logra una cuota irrisoria para ingresar quesos duros y semiduros al mercado norteamericano (un sector donde Estados Unidos es proteccionista y subsidia a sus productores). A cambio, el Gobierno de Javier Milei abre de par en par las fronteras para la importación de vehículos estadounidenses con arancel cero.
¿Qué significa esto en la práctica? Significa cambiar valor agregado y tecnología por materias primas. Significa que, por cada horma de queso que un productor logre colocar en Miami, entrarán al país vehículos que destruirán la competitividad de las terminales automotrices de Córdoba y Pacheco.
Es la victoria de la especulación financiera sobre la producción: se beneficia a un puñado de grandes exportadores de alimentos concentrados, mientras se sacrifica a la industria automotriz y autopartista, que es una de las mayores generadoras de empleo formal, registrado y bien pago en nuestro país (SMATA, UOM).
Un golpe al corazón del trabajo argentino
Gobernar es crear trabajo. Este acuerdo hace exactamente lo contrario. Al facilitar el ingreso de manufacturas extranjeras que compiten deslealmente con la producción local, se ataca directamente al obrero argentino.
No se trata de "miedo a la competencia", como repiten los voceros del libre mercado. Se trata de asimetrías estructurales. Estados Unidos defiende su industria con uñas y dientes; nosotros, en cambio, tenemos un gobierno que parece disfrutar desmantelando los galpones del Conurbano y el interior productivo.
Este esquema de "Quesos vs. Autos" consolida un modelo de país para pocos:
- Reprimarización: Nos condenan a ser meros proveedores de alimentos, sin desarrollo tecnológico.
- Desempleo: La industria automotriz tiene un efecto multiplicador; por cada empleo en una terminal, se generan cuatro en la cadena de valor. Todos esos puestos ahora penden de un hilo.
- Déficit comercial: Importar autos es infinitamente más costoso en dólares que exportar quesos. Esta "fiesta" importadora la terminaremos pagando con más deuda externa.
Soberanía o Colonia
La ecuación cierra únicamente si se piensa a la Argentina como una factoría sin pretensiones de soberanía. El peronismo siempre entendió que no hay independencia política sin independencia económica. Acuerdos de este tipo, negociados de espaldas al pueblo y a las cámaras industriales, nos atan de pies y manos.
Mientras el mundo tiende a proteger sus mercados y cuidar a sus trabajadores, Argentina va a contramano, regalando su mercado interno —el principal activo de nuestras empresas— a cambio de nada. No es un acuerdo comercial; es, lisa y llanamente, una claudicación. Es cambiar el futuro de nuestros hijos por un negocio de corto plazo para los amigos del poder.

