Vuelve el "deme dos" y la fiesta de la plata dulce: queman los dólares en Miami mientras las PyMEs no tienen para insumos
Los números de enero confirman la matriz de un modelo antinacional: el financiamiento en dólares se disparó un 20% por el turismo vip y las compras al exterior. Mientras al trabajador le licuan el sueldo, el Gobierno subsidia la salida de divisas para que unos pocos revienten la tarjeta afuera. Es el retorno de la bicicleta financiera que siempre pagan los pueblos.
La historia se repite como tragedia para el bolsillo del laburante. Mientras el Gobierno nos pide "esfuerzo" y "sacrificio" con tarifas impagables y salarios de hambre, los datos de enero revelan la verdadera cara del modelo libertario: un festival de importaciones y turismo externo que nos remonta a las peores épocas de la "plata dulce".
Según las propias cifras del sistema financiero, el financiamiento en dólares creció un 20% en un solo mes. ¿Esa plata fue para comprar maquinaria? ¿Fue para ampliar una fábrica en el Conurbano? No, compañero. Esos dólares, que son el sudor de la Nación, se fueron en pasajes a Miami, en tours de compras y en traer chucherías de afuera que destruyen el trabajo argentino.
Dólares para la timba, no para la producción
La Economía debe estar al servicio del Hombre, y no el Hombre al servicio del capital. Pero hoy vemos lo contrario. El retraso cambiario que el Ministerio de Economía utiliza como ancla inflacionaria es una trampa mortal: genera una ilusión de riqueza para una clase media acomodada que viaja y tarjetea, mientras asfixia la competitividad de nuestras industrias.
Cada dólar que se gasta en un shopping de Florida es un dólar que le falta a una PyME para importar un repuesto. Es la lógica del cipayismo económico: abrir las fronteras para que entre lo de afuera y reventar lo propio. Ya lo vivimos con Martínez de Hoz, lo vivimos en los 90, y lo estamos sufriendo ahora.
La fiesta de unos pocos, la deuda de todos
Este aumento del consumo en el exterior no es señal de reactivación, es señal de desguace. Están financiando el esparcimiento de los sectores concentrados con la fragilidad de las reservas del Banco Central. Cuando los dólares falten —porque esta fiesta siempre termina igual—, la devaluación brusca la pagará Doña Rosa en el almacén y el obrero con su despido.
No hay magia en el mercado. Si sobran dólares para el turismo es porque faltan para el desarrollo. Estamos financiando trabajo extranjero y desempleo local. Es hora de volver a poner el caballo delante del carro: los dólares son para producir, no para timbear ni para vacacionar.

