La supervivencia digital: cuando viajar "gratis" es el síntoma de un sistema de transporte excluyente

La supervivencia digital: cuando viajar "gratis" es el síntoma de un sistema de transporte excluyente

Ante el brutal aumento de tarifas y la retirada del Estado en su rol de garante de servicios públicos, las billeteras virtuales aparecen como "salvadoras". Sin embargo, detrás de las promociones y el cashback, se esconde la precarización del usuario y la captura de datos en un contexto de crisis.

En un país donde el acceso al transporte público debería ser un derecho garantizado y no un lujo, la noticia del día parece salida de una distopía cyberpunk: para poder pagar el boleto, los trabajadores deben convertirse en cazadores de promociones.

La reciente difusión de "trucos" para viajar gratis o con descuentos mediante billeteras virtuales (fintechs) no es motivo de celebración, sino una radiografía de la crisis de ingresos que atraviesa la clase media y los sectores populares. Mientras el Gobierno Nacional recorta subsidios y permite que las tarifas se disparen a niveles impagables, el mercado financiero digital aprovecha el vacío para presentarse como la solución mágica.

La privatización del subsidio

Lo que estas plataformas (bancos digitales y apps de pago) ofrecen no es generosidad; es una estrategia de mercado agresiva montada sobre la necesidad de la gente. Donde antes había un Estado que subsidiaba la tarifa para fomentar la producción y el consumo, hoy hay empresas privadas que subsidian "el primer viaje" a cambio de algo mucho más valioso: nuestra fidelidad financiera y nuestros datos de comportamiento.

El mecanismo es perverso: el usuario, asfixiado por el costo de vida, se ve obligado a descargar tres o cuatro aplicaciones distintas, ceder su privacidad y bancarizar cada aspecto de su vida solo para ahorrar unos pesos en el colectivo o el subte. Es la gamificación de la pobreza: hay que "jugar" con las reglas de las corporaciones para acceder a un derecho básico.

Parches digitales para heridas sociales

El informe original destaca cómo usar estas apps para obtener reintegros. Pero, ¿qué nos dice esto sobre nuestra sociedad?

  1. Desigualdad en el acceso: Estas "soluciones" solo son válidas para quienes tienen smartphones de gama media, conectividad constante y alfabetización digital. Los sectores más vulnerables, los adultos mayores o quienes no están bancarizados, quedan excluidos de estos beneficios y pagan la tarifa plena más cara de la historia.
  2. La fragmentación del sistema: En lugar de fortalecer un sistema único, solidario y estatal (como debería ser la SUBE si funcionara al servicio de la gente), se promueve la fragmentación. El transporte público se convierte en un terreno de disputa entre unicornios tecnológicos.

No es "ahorro", es supervivencia

No podemos condenar al usuario que busca aliviar su bolsillo. Bienvenido sea el descuento para el laburante que toma dos colectivos y un tren. Pero no nos confundamos: celebrar que una fintech nos pague el boleto es naturalizar que el Estado nos ha abandonado.

El debate de fondo no es qué billetera usar, sino por qué viajar a trabajar o a estudiar se ha vuelto un costo prohibitivo. La movilidad es un pilar de la justicia social y la equidad urbana. No puede depender de la campaña de marketing de turno de una empresa privada.

Mientras usamos estas apps para llegar a fin de mes, no perdamos de vista el objetivo real: un transporte público de calidad, accesible y sostenible, garantizado por políticas públicas y no por la "caridad" del capital financiero.