"Me considero un prisionero de guerra": Nicolás Maduro alza la voz frente al lawfare imperialista en Nueva York
Por: Redacción Popular – Voces del Sur
En un capítulo que quedará registrado como uno de los mayores atropellos a la soberanía latinoamericana, el líder de la Revolución Bolivariana, Nicolás Maduro, compareció este lunes ante los tribunales de Nueva York. En un escenario montado por la justicia estadounidense para criminalizar un proyecto político de autodeterminación, Maduro fue contundente: "Soy inocente".
La imagen de la jornada, diseñada por los centros de poder para humillar la dignidad del pueblo venezolano, mostró a Maduro y a su compañera, Cilia Flores, saliendo del edificio judicial esposados y custodiados por un desproporcionado despliegue de agentes federales. Sin embargo, lejos de mostrarse quebrado, el mandatario reafirmó su postura política ante lo que calificó como un secuestro judicial: "Me considero un prisionero de guerra".
El "Lawfare" como arma de guerra externa
Desde una perspectiva de clase y soberanía, lo que Washington denomina un "juicio por narcoterrorismo" no es más que la continuación de la guerra híbrida por otros medios. El uso del sistema judicial estadounidense para perseguir líderes del Sur Global —el conocido lawfare— busca decapitar los procesos de transformación social que no se alinean con los intereses del capital transnacional.
- Criminalización de la política: Al intentar etiquetar como "narcoterrorismo" a una gestión estatal, el imperialismo busca deslegitimar no solo a una persona, sino a la voluntad de millones que eligieron un camino fuera de la hegemonía del dólar.
- La figura del "Prisionero de Guerra": Al definirse de esta manera, Maduro trasciende la categoría de "acusado" para posicionarse como un combatiente de una causa anticolonial, denunciando que su captura es un acto de hostilidad bélica y no un procedimiento jurídico legítimo.
El despliegue del espectáculo punitivo
La salida de Maduro bajo custodia federal fue transmitida con un énfasis casi cinematográfico. Para los movimientos sociales de la región, este ensañamiento visual contra Maduro y Cilia Flores tiene un objetivo claro: disciplinar a la región. Es un mensaje directo a cualquier nación que intente gestionar sus propios recursos naturales —especialmente el petróleo— sin la tutela de la Casa Blanca.
"No juzgan a un hombre, juzgan a un pueblo que se negó a ser el patio trasero de nadie", expresaron diversas organizaciones de derechos humanos y solidaridad internacional a las afueras del tribunal.
Un frente de resistencia en el Sur
Mientras en Nueva York se desarrolla este proceso viciado de nulidad política, en Venezuela y el resto de la Patria Grande crece la indignación. La defensa de Maduro ha denunciado que el tribunal carece de jurisdicción sobre un jefe de Estado soberano, calificando el proceso como un secuestro internacional.
La historia ha demostrado que estos procesos, lejos de sepultar los ideales populares, suelen convertirlos en banderas de lucha. La declaración de inocencia de Maduro resuena hoy no solo en las paredes de la corte neoyorquina, sino en cada rincón del mundo que lucha contra la injerencia externa.

