Crónica de un genocidio industrial: Milei liquida el trabajo argentino para ofrendar el país al capital financiero
En una jornada sombría para la soberanía nacional, el régimen libertario se apresta a convertir en ley el desguace de los derechos laborales. Mientras el Ejecutivo disciplina con látigo y billetera a los sectores empresariales remisos, desde las propias filas del oficialismo confiesan el plan maestro: la desaparición del 15% del tejido industrial y el retorno a una Argentina pastoril y colonial.
En una jornada sombría para la soberanía nacional, el régimen libertario se apresta a convertir en ley el desguace de los derechos laborales. Mientras el Ejecutivo disciplina con látigo y billetera a los sectores empresariales remisos, desde las propias filas del oficialismo confiesan el plan maestro: la desaparición del 15% del tejido industrial y el retorno a una Argentina pastoril y colonial.
Lo que el peronismo y las centrales obreras denunciaron desde el primer día de este experimento anarcocapitalista, hoy ya no es una advertencia, sino una confesión de parte. A escasas horas de que se consume la mal llamada "reforma laboral" en el Congreso —un eufemismo para designar el retorno a condiciones de semiesclavitud—, el gobierno de Javier Milei ha dejado caer la careta: el objetivo no es la competitividad, sino la aniquilación de la industria nacional.
El "15%": Un número que esconde familias en la calle
En un alarde de cinismo tecnocrático, voceros del entorno presidencial y cuadros técnicos de la Libertad Avanza ya le han puesto cifra a la tragedia: pronostican que el 15% de la industria argentina dejará de existir tras la implementación de estas medidas. Para el frío cálculo de los mercados, es una "limpieza de ineficiencias"; para el campo nacional y popular, es un crimen de lesa patria que se traduce en miles de persianas bajas, barrios desolados y padres de familia sin el pan en la mesa.
Este plan de desindustrialización acelerada busca romper la columna vertebral del país: la clase trabajadora organizada. Sin fábricas no hay sindicatos, y sin sindicatos no hay resistencia al modelo de entrega que imparte la Casa Rosada bajo órdenes directas de los organismos multilaterales de crédito.
Disciplinamiento a la burguesía nacional
La furia de Milei no solo se descarga sobre el pueblo trabajador. En un giro autoritario, el Presidente ha comenzado a "disciplinar" a aquellos empresarios que, aun compartiendo el sesgo antiestatal, se atreven a cuestionar la apertura indiscriminada de importaciones y la destrucción del mercado interno.
"Se los lleva puestos a todos", comentan en los pasillos de una UIA que hoy luce desorientada y temerosa. El mensaje oficial es claro: quien no se alinee con el dogma del libre mercado extremo, será tratado como un enemigo. El gobierno no busca aliados productivos, busca vasallos que acepten el rol de Argentina como mera proveedora de materias primas y energía barata para el Norte global.
La Reforma de la Crueldad
La ley que se debate en el Congreso es el certificado de defunción del Artículo 14 bis de nuestra Constitución. Entre sus puntos más nefastos, se destacan:
- La eliminación de las indemnizaciones: Reemplazadas por fondos de cese que el propio trabajador financia, facilitando el despido arbitrario.
- La extensión de los períodos de prueba: Una herramienta para la rotación constante y la pérdida de antigüedad.
- El ataque a la ultraactividad de los convenios: Para que cada trabajador deba negociar su dignidad en soledad frente al poder del capital.
La resistencia es el camino
La consigna es una sola: No hay paz social sin justicia social. Esta reforma nace muerta en su legitimidad, porque atenta contra el derecho humano básico a un trabajo digno.
La historia argentina es testigo: cada vez que intentaron sepultar a la industria y al movimiento obrero, el pueblo se reorganizó para recuperar lo perdido. El 15% de la industria que Milei quiere borrar es el motor que volveremos a encender cuando la Argentina recupere su destino de grandeza, soberanía e independencia.
