La parálisis del mercado interno: el stock de 140.000 autos devela la crisis del consumo

El desplome del poder adquisitivo y la apertura indiscriminada acumulan vehículos en galpones. Las terminales multinacionales descargan el costo de la recesión sobre comercializadores locales y el trabajo nacional.

La parálisis del mercado interno: el stock de 140.000 autos devela la crisis del consumo
La parálisis del mercado interno

El dato de los casi 140.000 autos cero kilómetro inmovilizados en los depósitos —equivalente a tres meses de ventas congeladas— no responde a una simple fluctuación estacional. Es el síntoma macroeconómico de un modelo que, al erosionar los ingresos reales mediante el encarecimiento del costo de vida y el sostenimiento de tasas de financiamiento prohibitivas, estrangula la demanda interna. La caída del 14% en los patentamientos de abril expone que la adquisición de bienes durables se ha transformado en un privilegio inalcanzable para las clases trabajadoras.

Detrás de este estancamiento opera una asimétrica disputa de poder sectorial. Las terminales automotrices globales presionan a sus redes de concesionarias para que absorban más unidades a fin de maquillar sus balances de producción. Los comercializadores locales, eslabón medio del entramado pyme, se resisten: aceptar ese sobrestock los obliga a vender con rentabilidad nula o afrontar el quebranto. Esta parálisis no tarda en derramarse hacia las líneas de producción, encendiendo alarmas sobre la estabilidad del empleo industrial y de la red de autopartistas locales, históricos bastiones de la movilidad social ascendente y el desarrollo con independencia económica.

El escenario se agrava por la desregulación aduanera y la distorsión cambiaria. Bajo la premisa de una "estabilidad" ficticia, la apreciación del peso elevó los precios de los automóviles en dólares, desalentando el uso de ahorros populares. Al mismo tiempo, la flexibilización de las importaciones propició un aluvión de marcas extranjeras —particularmente asiáticas, amparadas en cupos sin arancel para vehículos híbridos—, generando stocks sobredimensionados que en algunas firmas superan los diez meses de venta potencial.

La contradicción estructural del modelo es evidente: mientras se asfixia la capacidad de compra del pueblo y se desprotege la producción manufacturera, se subsidia el ingreso de valor agregado externo. La crisis automotriz demuestra que sin soberanía económica para defender la industria interna ni justicia social para asegurar salarios dignos, el libre mercado sólo produce acumulación ociosa en los galpones y exclusión en las calles.