Fragmentación en la derecha: el "sálvese quien pueda" ante el fracaso del modelo
La erosión del vínculo entre La Libertad Avanza, el PRO y la UCR en la Cámara de Diputados no es una mera disputa de cartelería política. Es el síntoma de la descomposición de una alianza que, tras haber facilitado el desguace del Estado y la transferencia brutal de ingresos, hoy se fractura ante la inviabilidad social de su propio proyecto.
El reciente deterioro de las relaciones entre el oficialismo y sus socios "colaboracionistas" en el Congreso marca el fin de la luna de miel del bloque de poder neoliberal. Lo que los medios hegemónicos presentan como una "redefinición del mapa de poder" es, en rigor, la huida de los sectores tradicionales (PRO y UCR) ante un gobierno que ha extremado las contradicciones de la economía nacional, priorizando el equilibrio fiscal sobre el hambre de los sectores populares.
Desde una perspectiva histórica, asistimos a la repetición de un ciclo: la derecha argentina, dividida en matices pero unida en el objetivo de disciplinar a la clase trabajadora, comienza a crujir cuando el costo político del ajuste se vuelve electoralmente impagable. El PRO, otrora garante de la "gobernabilidad", intenta ahora despegarse de la impericia de gestión de los libertarios, mientras que la UCR —atravesada por una crisis de identidad terminal— busca un centro inexistente tras haber votado las leyes que desprotegieron la industria nacional y el empleo.
La disputa estructural en Diputados no gira en torno a principios democráticos, sino a quién administrará las cenizas de una soberanía política hoy hipotecada. Mientras las cúpulas negocian cuotas de poder y estrategias de supervivencia para las próximas legislativas, el entramado social padece las consecuencias de una independencia económica cedida a los mercados financieros.
Para el movimiento nacional y popular, este escenario de fragmentación oficialista debe ser leído como una oportunidad de resistencia y construcción. La crisis de representación de la derecha ratifica que no hay salida posible por fuera de la justicia social. El desmoronamiento de este frente legislativo es el espejo de un modelo que solo cierra con represión y exclusión, y que hoy, ante la ausencia de resultados económicos para las mayorías, empieza a devorarse a sus propios arquitectos.
