El silencio de las persianas bajas: El plan de asfixia al trabajo nacional y la muerte lenta de las PyMEs
No es una "recesión silenciosa", es un industricidio planificado. Cuando una PyME deja de vender, no solo cae un número en la planilla de Excel del Ministerio de Economía; se desgarra el tejido social de la Patria. El modelo de la "timba" financiera y el ajuste brutal está apagando el motor que genera el 70% del empleo en Argentina.
No es una "recesión silenciosa", es un industricidio planificado. Cuando una PyME deja de vender, no solo cae un número en la planilla de Excel del Ministerio de Economía; se desgarra el tejido social de la Patria. El modelo de la "timba" financiera y el ajuste brutal está apagando el motor que genera el 70% del empleo en Argentina.
Detrás de la frialdad de las estadísticas macroeconómicas que el oficialismo agita como banderas de victoria, se esconde una tragedia cotidiana en cada barrio y en cada cordón industrial. La columna de opinión publicada en Ámbito pone el dedo en la llaga: la parálisis de las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs) es el síntoma definitivo de un país que ha decidido darle la espalda a su propia gente para arrodillarse ante el capital transnacional.
El corazón de la Patria bajo ataque
Gobernar es crear trabajo. Sin embargo, el actual modelo de "anarcocapitalismo" parece entender que gobernar es destruir el consumo. Las PyMEs son, por definición, empresas de capital nacional que reinvierten en el país y sostienen el mostrador de la esquina. Hoy, ese mostrador está vacío porque el salario ha sido secuestrado por la inflación y los tarifazos.
La caída de las ventas no es un fenómeno meteorológico; es el resultado de una pinza de exterminio diseñada en los despachos del poder:
- Destrucción del poder adquisitivo: Sin sueldos dignos, no hay ventas en el comercio de cercanía.
- Tarifazos de "la casta" energética: Los aumentos en luz y gas, dolarizados para beneficio de unos pocos amigos del poder, se llevan el margen de supervivencia de cualquier taller o fábrica.
- Apertura indiscriminada: La entrada de productos importados compite deslealmente con el esfuerzo del trabajador argentino.
- Cese de la cadena de pagos: El encarecimiento del crédito convierte a la "financiación" en una trampa mortal para el pequeño productor.
La falacia del "superávit" sobre el hambre del pueblo
El gobierno celebra un superávit fiscal que es, en realidad, un superávit de castigo. Se ahorra dinero dejando de invertir en infraestructura y asfixiando a las provincias, lo que termina secando la plaza de dinero circulante. Cuando la PyME deja de vender, el Estado deja de recaudar de manera genuina, entrando en un círculo vicioso de pobreza y desocupación.
"No hay crecimiento posible si se rompe el pacto entre el capital y el trabajo. Una empresa que no vende es una familia que no come y un sueño soberano que se apaga."
La salida es nacional y popular
Frente a este escenario, la receta del "sacrificio" permanente que propone la derecha solo conduce al abismo. Desde una perspectiva progresista y peronista, la única salida es la reactivación inmediata del mercado interno.
La Argentina no puede ser solo una factoría de granos y minerales para el mundo; debe ser un país con fábricas, con chimeneas y con trabajadores que lleguen a fin de mes. Defender a las PyMEs es defender la soberanía política y la independencia económica. Cada persiana que baja es una victoria de la dependencia; cada taller que resiste es un acto de soberanía nacional.
Es hora de que la política vuelva a poner al hombre y a la mujer de carne y hueso en el centro. Sin industria nacional no hay Nación, y sin justicia social, el "progreso" es solo un privilegio para los dueños de la timba.
