La implosión temprana del experimento libertario: Villarruel expone la farsa del poder y el vacío de conducción en la Rosada

Mientras el ajuste brutal golpea al pueblo trabajador, la interna a cielo abierto entre la Vicepresidenta y el entorno presidencial revela la fragilidad política del Gobierno. Villarruel admite en privado que Milei "no tiene reelección" y lanza un diagnóstico letal sobre la estafa democrática en curso: el voto fue para Javier, pero "gobierna la hermana".

La implosión temprana del experimento libertario: Villarruel expone la farsa del poder y el vacío de conducción en la Rosada
La implosión temprana del experimento libertario.

Mientras el ajuste brutal golpea al pueblo trabajador, la interna a cielo abierto entre la Vicepresidenta y el entorno presidencial revela la fragilidad política del Gobierno. Villarruel admite en privado que Milei "no tiene reelección" y lanza un diagnóstico letal sobre la estafa democrática en curso: el voto fue para Javier, pero "gobierna la hermana".

No han pasado ni cien días de gobierno y la fachada monolítica de "La Libertad Avanza" cruje bajo el peso de sus propias contradicciones y la insostenibilidad social de su plan económico. Mientras el presidente Javier Milei celebra en redes sociales un superávit fiscal construido sobre el hambre de los jubilados y el desfinanciamiento de las provincias, su propia compañera de fórmula, Victoria Villarruel, se encarga de dinamitar la narrativa oficial desde adentro.

La noticia que trasciende no es menor: la Vicepresidenta de la Nación, representante del ala más reaccionaria y ligada a la familia militar dentro de la alianza gobernante, ya da por terminado el ciclo político de Milei antes de que este siquiera logre consolidarse. Según fuentes cercanas al Senado, el diagnóstico de Villarruel es lapidario: Milei no será reelecto.

La "doble comando" y la estafa al electorado

Lo más grave del análisis que Villarruel comparte con sus íntimos no es la futurología electoral, sino la descripción del presente. La titular del Senado pone el dedo en la llaga de la anomalía institucional que vive la Argentina: la tercerización del poder presidencial.

"Lo eligieron a él para que gobierne, pero gobierna la hermana", es la frase que retumba en los pasillos del Congreso. Villarruel expone así lo que el campo nacional y popular viene denunciando: la existencia de un poder en las sombras, encarnado por Karina Milei, "El Jefe", una figura sin legitimidad democrática ni validación en las urnas, que sin embargo ejerce un control férreo y caprichoso sobre la gestión del Estado.

Esta confesión de parte revela una estafa al electorado, incluso a aquel que votó legítimamente por este modelo de exclusión. Se votó a un líder mesiánico, pero se obtuvo un gobierno manejado por un entorno familiar hermético, marcado por los celos, la improvisación y la falta de volumen político.

Villarruel: ¿Plan B de la derecha o síntoma del colapso?

Victoria Villarruel no es una espectadora inocente en este drama. Lejos de eso, es una operadora política astuta que huele la debilidad del Ejecutivo. Consciente de que el dogmatismo libertario de Milei y el manejo tóxico de su hermana conducen a un choque inevitable contra la realidad social y política de la Argentina, la Vicepresidenta construye su propia agenda.

Se reúne con gobernadores asfixiados por la motosierra nacional, tiende puentes con sectores del peronismo federal y cultiva su relación con las Fuerzas Armadas. Villarruel se prepara para la eventualidad de un vacío de poder, perfilándose como la "reserva institucional" de una derecha que busca imponer el orden mediante la represión cuando el plan económico termine de fracasar.

La tensión con Karina Milei, descrita como celosa de cualquier figura que opaque a su hermano, es la manifestación superficial de un problema estructural: la ausencia de conducción política en un gobierno que cree que la realidad se doma con excels y tweets agresivos.

Conclusión: Un gobierno frágil contra el Pueblo

La interna feroz entre Milei y Villarruel no es una anécdota de palacio; es la evidencia de la precariedad de un proyecto político que vino a destruir el Estado de Bienestar y a rifar la soberanía nacional sin siquiera tener orden en su propia casa.

Mientras ellos pelean por la lapicera, el pueblo argentino sufre las consecuencias de un modelo deshumanizante. La confesión de Villarruel confirma que estamos ante un gobierno de transición, un experimento fallido cuyo costo social será inmenso, y que obligará al movimiento nacional a estar organizado y alerta para reconstruir la Patria que estos sectores intentan demoler.