El espejismo del "arancel cero": Milei regala la industria nacional mientras los monopolios importadores se quedan con la renta

A un mes de la eliminación de los aranceles a la importación de celulares, la realidad desmiente el dogma libertario: los precios en las góndolas no bajan, el consumo se desploma y miles de trabajadores fueguinos quedan en la calle. No era "competencia", era una transferencia de recursos de los trabajadores a los bolsos de los importadores.

El espejismo del "arancel cero": Milei regala la industria nacional mientras los monopolios importadores se quedan con la renta
El espejismo del "arancel cero": Milei regala la industria nacional mientras los monopolios importadores se quedan con la renta

A un mes de la eliminación de los aranceles a la importación de celulares, la realidad desmiente el dogma libertario: los precios en las góndolas no bajan, el consumo se desploma y miles de trabajadores fueguinos quedan en la calle. No era "competencia", era una transferencia de recursos de los trabajadores a los bolsos de los importadores.

La farsa del libre mercado ha quedado, una vez más, al desnudo. Tras cumplirse un mes desde que el gobierno nacional oficializara el "arancel cero" para la importación de dispositivos móviles, el bolsillo de los argentinos sigue sufriendo los mismos precios prohibitivos. Mientras la Casa Rosada prometía una lluvia de tecnología barata, lo único que se percibe es el frío silencio de las líneas de producción en Tierra del Fuego y la voracidad de los formadores de precios que capturan la rebaja impositiva como margen de ganancia neta.

La estafa de la "Mano Invisible"

El informe de los especialistas es lapidario: los precios apenas se movieron un ínfimo 2% en promedio, una cifra insignificante frente a la destrucción del poder adquisitivo. La teoría del derrame libertario choca contra la pared de los grupos concentrados. Los grandes retailers e importadores, que operan en un mercado oligopólico, han decidido no trasladar la quita de aranceles al consumidor final, absorbiendo el beneficio estatal para compensar su propia caída de ventas o, sencillamente, para fugar divisas.

Es la lógica del capital transnacional: se eliminan impuestos que protegían el trabajo argentino, pero el precio final sigue siendo el doble que en los países vecinos. El iPhone 17 —símbolo del consumo de élite que este gobierno idolatra— sigue costando en la Argentina casi el doble que en Chile o Estados Unidos, demostrando que el problema nunca fue el "costo argentino" de la producción, sino la especulación financiera y comercial.

Industricidio: 3.000 familias en la calle por un dogma

Detrás de la frialdad de las planillas de importación, hay una tragedia social planificada. El ataque directo al régimen de Tierra del Fuego ya se cobró 3.000 puestos de trabajo directos entre 2024 y lo que va de 2026. Empresas como Brightstar han cerrado sus puertas, y gigantes como Newsan y Mirgor operan con suspensiones y retiros voluntarios bajo la amenaza del desguace total.

Desde la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) advierten que este modelo no busca "modernizar" el consumo, sino desmantelar la capacidad técnica de la Nación. Convertir una planta de ensamblado de alta tecnología en un simple depósito de cajas importadas de China es un crimen contra la soberanía nacional. Estamos perdiendo el know-how y la soberanía tecnológica a cambio de nada: ni hay celulares baratos, ni hay trabajo digno.

Sin salarios no hay tecnología

El celular más caro es el que no se puede comprar porque no hay sueldo. La caída del 69% en las ventas durante el último período no se soluciona bajando aranceles, sino recuperando el salario real. En una Argentina donde el trabajador debe destinar varios sueldos íntegros para acceder a una herramienta de trabajo básica como un smartphone, la discusión sobre los aranceles es una cortina de humo para ocultar el ajuste brutal.

La única salida soberana es el fortalecimiento del mercado interno y la protección de la industria nacional con valor agregado. La "libertad" de Milei es solo para que cuatro o cinco empresas importadoras se llenen los bolsillos mientras el pueblo mira las vidrieras desde la vereda del desempleo.