El cierre de Fate es la cara visible de un plan sistemático de desguace nacional

La Unión Industrial Argentina (UIA) rompió el silencio ante la catástrofe productiva que atraviesa el país. El drama de la planta de neumáticos no es un suceso fortuito, sino el resultado de un modelo que desprecia el trabajo argentino: en apenas dos años, la Argentina perdió 65.000 puestos de trabajo industriales bajo el yugo del ajuste y la apertura indiscriminada.

El cierre de Fate es la cara visible de un plan sistemático de desguace nacional
El cierre de Fate , plan sistemático de desguace nacional

La Unión Industrial Argentina (UIA) rompió el silencio ante la catástrofe productiva que atraviesa el país. El drama de la planta de neumáticos no es un suceso fortuito, sino el resultado de un modelo que desprecia el trabajo argentino: en apenas dos años, la Argentina perdió 65.000 puestos de trabajo industriales bajo el yugo del ajuste y la apertura indiscriminada.

La noticia del cierre de operaciones y los despidos masivos en la planta de Fate ha caído como una bomba de estruendo en el corazón del cordón industrial, pero para quienes defienden la bandera de la justicia social y el desarrollo soberano, esto no es una sorpresa: es la crónica de un industricidio anunciado. La Unión Industrial Argentina (UIA), en un comunicado que destila preocupación por la supervivencia misma del aparato productivo, advirtió que lo de la fabricante de neumáticos es apenas la punta del iceberg de un proceso de degradación que ya se cobró 65.000 empleos genuinos en los últimos 24 meses.

El retorno a la "Colonia"

Lo que estamos presenciando es el desmantelamiento de la Argentina que produce, para dar paso a la Argentina de la timba y el extractivismo. El cierre de Fate no responde a una falta de eficiencia de sus trabajadores, sino a una política económica diseñada para asfixiar el consumo interno y facilitar el ingreso de manufacturas extranjeras, destruyendo la cadena de valor nacional.

"No es un hecho aislado", sentenciaron desde la central fabril. Y tienen razón. El dato de los 65.000 trabajadores y trabajadoras que quedaron en la calle es la métrica del dolor de un pueblo que ve cómo se apagan las chimeneas. Detrás de cada número hay una familia que pierde su dignidad y un Estado que abdica de su rol de protector de la industria frente a la voracidad del capital transnacional.

La recesión como herramienta de disciplinamiento

El diagnóstico es claro: la combinación de tarifazos energéticos —impagables para cualquier PyME o gran industria con sentido nacional—, la caída vertical del poder adquisitivo de los salarios y la apertura de importaciones está configurando un escenario de tierra arrasada. Mientras el sector financiero celebra indicadores de pizarrón, la economía real, la que pone el pan en la mesa de los argentinos, se desangra.

La UIA señaló que el costo argentino no está en la mano de obra, como pretenden instalar los sectores reaccionarios para avanzar con la reforma laboral, sino en la logística, la energía y la falta de un crédito productivo que hoy es inexistente. En este contexto, producir neumáticos en el país se ha vuelto una actividad de resistencia frente a un gobierno que parece más interesado en quedar bien con los organismos multilaterales que con los operarios de San Fernando.

Defender el trabajo es defender la Patria

No hay Nación sin industria. El cierre de Fate representa una transferencia neta de soberanía hacia el exterior. Cada neumático que dejemos de fabricar aquí y que importemos de China o Brasil es una derrota política y económica.

La pérdida de 65.000 puestos de trabajo industriales no es solo una estadística económica; es un ataque directo a la columna vertebral del movimiento nacional. El desafío hoy, más que nunca, es la unidad de los trabajadores y los sectores productivos para frenar este modelo de exclusión. La alternativa es clara: o reconstruimos un proyecto de desarrollo con inclusión, con el Estado como director de orquesta de la producción, o nos resignamos a ser una colonia exportadora de materias primas con un pueblo empobrecido.

El caso Fate es un grito de alerta. Es la prueba de que, sin un mercado interno fuerte y sin protección ante la competencia desleal, el destino de la Argentina es el desierto industrial. La lucha por la defensa de cada puesto de trabajo es, en definitiva, la lucha por el destino de la Patria.