Sonrisas de protocolo y bolsillos vacíos: La Rioja entre la postal de Villarruel y el hambre del ajuste
La Rioja vivió este fin de semana una de esas paradojas que solo la política del espectáculo puede ofrecer. Mientras el pueblo riojano intenta sobrevivir a un plan económico nacional que asfixia las arcas provinciales, recorta fondos docentes y pulveriza el consumo popular, la vicepresidenta Victoria Villarruel se paseó por la capital provincial entre harinas, coplas y fotos de ocasión.
La Rioja vivió este fin de semana una de esas paradojas que solo la política del espectáculo puede ofrecer. Mientras el pueblo riojano intenta sobrevivir a un plan económico nacional que asfixia las arcas provinciales, recorta fondos docentes y pulveriza el consumo popular, la vicepresidenta Victoria Villarruel se paseó por la capital provincial entre harinas, coplas y fotos de ocasión.
La visita de la máxima representante del Senado nacional dejó un sabor amargo en los sectores que defienden la justicia social. Bajo el sol de la Chaya, se vio un clima de cordialidad institucional que choca de frente con la realidad desesperante de los barrios. ¿De qué se ríen cuando los medicamentos son impagables y las tarifas de energía eléctrica —vitales en nuestro norte— se han vuelto un lujo de pocos?
El federalismo no es una selfie
La agenda de Villarruel incluyó la Catedral, charlas sobre "turismo y producción" y el anuncio de una visita a Talampaya. Sin embargo, detrás del folclore y la solemnidad religiosa, el vacío de respuestas fue absoluto. Resulta inadmisible que un funcionario de su jerarquía pise suelo federal sin traer en la mano la restitución de los fondos que por derecho le corresponden a La Rioja. El federalismo que pregona la gestión de Javier Milei parece reducirse a una invitación a la fiesta, pero con la billetera cerrada para el pueblo.
Fuentes cercanas a la Casa de las Tejas sugieren que la invitación oficial fue una jugada de "ajedrez político" para neutralizar una posible llegada del presidente Milei a la Chaya, buscando una interlocución "más institucional" con la vicepresidenta. Pero en la política grande, la que transforma la vida de la gente, no sirven los modales si no hay soberanía económica. La dirigencia local, en su afán de sostener una cortesía que a veces parece sumisión, evitó plantear con firmeza el reclamo por la obra pública paralizada y el recorte de la coparticipación que hoy tiene a la provincia en jaque.
¿Qué se llevó la Vicepresidenta?
Villarruel se llevó una foto con el obispo y el calor de una fiesta popular que, nobleza obliga, siempre recibe bien al visitante. Pero lo que debió llevarse es un petitorio urgente de las organizaciones sociales y los sindicatos riojanos. La Rioja no necesita "gestos de cercanía" de quienes reivindican los años más oscuros de nuestra historia y ejecutan hoy un plan de miseria planificada; necesita recursos para su desarrollo y respeto por su autonomía.
La verdadera realidad de los riojanos no está en el palco oficial, sino en las mesas donde el pan empieza a faltar. La harina de la Chaya sirve para celebrar nuestra identidad, pero no para tapar el sol de una crisis que el gobierno nacional profundiza cada día con su ceguera social.
Cuando una figura nacional llega al interior profundo de nuestra Patria, el pueblo espera respuestas, no solo postales. El peronismo que soñamos y construimos no se conforma con el protocolo: exige justicia social, independencia económica y, sobre todo, una dirigencia que no le tema a decir la verdad ante el poder central: con el hambre de La Rioja no se negocia.
