La guerra contra el bolsillo: La inflación de los poderosos duplica la miseria salarial del pueblo trabajador

En un nuevo capítulo del ajuste salvaje que castiga a las familias argentinas, los salarios volvieron a quedar sepultados por la escalada de precios. Mientras las corporaciones remarcan y festejan sus balances, el ingreso real de quienes producen la riqueza del país se desintegra sin distinción de sectores.

La guerra contra el bolsillo: La inflación de los poderosos duplica la miseria salarial del pueblo trabajador
La guerra contra el bolsillo

En un nuevo capítulo del ajuste salvaje que castiga a las familias argentinas, los salarios volvieron a quedar sepultados por la escalada de precios. Mientras las corporaciones remarcan y festejan sus balances, el ingreso real de quienes producen la riqueza del país se desintegra sin distinción de sectores.

La realidad de las góndolas no deja lugar a dudas: el modelo de exclusión sigue pasando su motosierra sobre la mesa de los argentinos. Según los últimos datos oficiales, en diciembre los salarios sufrieron un nuevo revés ante una inflación que no da tregua, ubicándose en un asfixiante 2,8% mensual. En contraste, el promedio de los ingresos apenas se movió un 1,6%, dejando al descubierto que el costo de vida ya corre al doble de velocidad que el sustento de los hogares.

Este no es un error de cálculo; es una política deliberada de transferencia de ingresos. El estancamiento salarial no perdonó a nadie: ni el sector privado formal, ni el público, ni mucho menos el sector informal —el más castigado por la precariedad— lograron una mejora que compense el saqueo inflacionario.

El mapa del despojo laboral

La parálisis de los ingresos en el último mes del año refleja un escenario de tierra arrasada para la clase trabajadora:

·         Sector Privado: Las patronales, amparadas por un clima de flexibilización y desprotección estatal, mantienen los sueldos a raya mientras sus márgenes de ganancia crecen al ritmo de los precios.

·         Sector Público: El Estado, que debería ser el primer garante de la dignidad laboral, se convierte en el principal impulsor del ajuste, ajusticiando a sus trabajadores con paritarias de hambre.

·         Informalidad: En la base de la pirámide, el trabajador "en negro" es quien más sufre el zarpazo del capital, sin paritarias ni defensa, viendo cómo su esfuerzo diario alcanza cada vez para menos.

Por una salida con Justicia Social

Este escenario de "salarios en picada" no es más que la consecuencia lógica de un modelo que pone el capital por encima de la vida. No hay mercado que se regule solo cuando lo que está en juego es el pan de los pibes. La inflación del 2,8% es el síntoma de una economía desbocada para el consumo popular, pero sumamente rentable para los sectores concentrados.

Frente a este ataque sistemático a la justicia social, se vuelve urgente la organización y la lucha por una recomposición salarial que no sea solo un parche, sino una verdadera recuperación de la soberanía económica de cada hogar. Porque una patria que no garantiza el plato de comida de su pueblo es una patria que está siendo entregada a los intereses de unos pocos.

¡Basta de ajustar a los que menos tienen! ¡Salarios dignos para una vida digna!