¿Desarrollo nacional o enclave colonial? El interrogante tras los U$S 10.000 millones para el "Silicon Valley" en Chubut
Bajo la promesa de una lluvia de dólares y modernización tecnológica, el gobierno de Chubut impulsa un proyecto de centros de datos de escala global. Sin embargo, detrás del marketing empresarial, surge la necesidad de discutir la soberanía digital, el uso de nuestros recursos energéticos y si la riqueza generada quedará en manos del pueblo trabajador o engrosará las arcas de las transaccionales de siempre.
Bajo la promesa de una lluvia de dólares y modernización tecnológica, el gobierno de Chubut impulsa un proyecto de centros de datos de escala global. Sin embargo, detrás del marketing empresarial, surge la necesidad de discutir la soberanía digital, el uso de nuestros recursos energéticos y si la riqueza generada quedará en manos del pueblo trabajador o engrosará las arcas de las transaccionales de siempre.
En una Argentina que atraviesa un feroz ajuste contra los sectores populares, los anuncios de mega-inversiones extranjeras suelen presentarse como la única tabla de salvación. El reciente plan para convertir a la provincia de Chubut en un "Silicon Valley" patagónico, mediante una inversión proyectada de 10.000 millones de dólares en centros de datos, no es la excepción. Pero como bien nos enseñó la historia de nuestra Patria, no todo lo que brilla es oro, y mucho menos cuando el capital financiero internacional pone sus ojos en nuestros recursos estratégicos.
El proyecto, impulsado por la gestión de Ignacio Torres en sintonía con intereses corporativos, plantea la construcción de infraestructuras masivas para el procesamiento de datos. Si bien la cifra es astronómica y busca seducir a una opinión pública golpeada, desde una óptica nacional y popular cabe preguntarse: ¿Quién tendrá el control de esos datos? ¿Qué soberanía nos queda si nuestra Patagonia se convierte en el servidor de las grandes potencias?
El extractivismo del siglo XXI
Lo que el discurso neoliberal denomina "polo tecnológico", desde el campo popular debe ser analizado como una nueva forma de extractivismo. Así como en el siglo XIX se llevaban el cuero y el trigo, y en el XX el petróleo, en el siglo XXI el capital concentrado viene por la energía y la información.
Chubut, una provincia que aporta gran parte del flujo energético al país, corre el riesgo de convertirse en un enclave para empresas que consumen cantidades industriales de electricidad y agua para enfriar sus servidores, mientras los barrios populares de la provincia sufren deficiencias en los servicios básicos. ¿El beneficio será para los trabajadores chubutenses o estamos subsidiando, con nuestros recursos naturales, la rentabilidad de Silicon Valley?
Trabajo genuino vs. Espejismos digitales
El relato oficial promete miles de puestos de trabajo. Sin embargo, la experiencia internacional en estos "hubs" tecnológicos muestra que, pasada la etapa de construcción, la cantidad de empleo local calificado es mínima, quedando la mayoría de las ganancias en manos de una tecnocracia globalizada.
El desarrollo no es simplemente el movimiento de capitales, sino la justicia social. Un proyecto de esta magnitud solo sería transformador si estuviera liderado por un Estado fuerte que garantice:
- Transferencia de tecnología: Que el conocimiento no quede encerrado en las paredes de una multinacional, sino que nutra a nuestras universidades y a la industria nacional.
- Soberanía de datos: Que la información de los argentinos no sea mercancía de las corporaciones extranjeras.
- Distribución de la riqueza: Que las exenciones impositivas que suelen pedir estas empresas no terminen desfinanciando la educación y la salud pública de la provincia.
La Patagonia no se vende, se defiende
La entrega de territorio y recursos bajo el rótulo de "progreso" es una vieja receta que los sectores populares conocemos bien. Mientras el gobierno nacional de Javier Milei desmantela la ciencia y la tecnología local (con el ataque al CONICET y a las universidades), abrirle las puertas de par en par al capital trasnacional sin condicionamientos parece más una claudicación que un plan de desarrollo.
El desafío para las fuerzas progresistas y el movimiento obrero es claro: no oponerse a la tecnología, sino exigir una Tecnología para la Liberación. Chubut tiene el potencial de ser un polo de vanguardia, pero debe serlo bajo el control soberano, con respeto al medio ambiente y con el bienestar de la familia trabajadora como prioridad absoluta.
La justicia social también se juega en la nube, y no permitiremos que la Patagonia sea, una vez más, el patio trasero de los intereses ajenos a la felicidad del Pueblo.
