Federalismo de látigo y billetera: El Gobierno apuesta a la división de las provincias ante el hartazgo de los gobernadores

Federalismo de látigo y billetera: El Gobierno apuesta a la división de las provincias ante el hartazgo de los gobernadores

Tras el quiebre con Jaldo y Sáenz por los recortes indiscriminados, la Casa Rosada activa un plan para colonizar las capitales provinciales. Una estrategia de "caballo de Troya" que busca saltar la autoridad de los mandatarios provinciales y profundizar el ajuste en el interior profundo.

La luna de miel entre el Ejecutivo Nacional y los gobernadores que intentaron tender puentes de gobernabilidad ha llegado a su fin. La realidad de las góndolas y el vaciamiento de las cajas provinciales terminó por detonar la paciencia de mandatarios como Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Gustavo Sáenz (Salta), quienes pasaron del diálogo institucional a la bronca abierta ante la falta de respuestas y el incumplimiento de acuerdos básicos de gestión.

Ante este escenario de resistencia federal, el gobierno libertario ha decidido abandonar la diplomacia y pasar a la ofensiva política: el "Plan Capitales". La orden es clara: si no se puede doblegar a los gobernadores, hay que intentar asfixiarlos desde adentro, financiando estructuras paralelas en las ciudades cabeceras para romper la unidad territorial.


La extorsión como única política de Estado

Lo que desde los despachos de la Capital Federal se vende como una "renovación política", en el interior se vive como un ataque a la autonomía. La estrategia del oficialismo nacional busca utilizar los recursos que le quita a las provincias para alimentar campañas locales en las capitales, intentando crear un contrapoder que responda directamente al puerto.

Los ejes del conflicto federal:

  • Promesas incumplidas: Jaldo y Sáenz, que acompañaron leyes clave bajo la promesa de reactivación de obras públicas, se encuentran hoy con los obradores vacíos y las deudas creciendo.
  • El "Salto" por encima de las provincias: El gobierno busca puentear a los gobernadores y tratar directamente con intendentes "amigos", una práctica que el peronismo siempre denunció como una forma de debilitar la representación popular de las provincias.
  • El ajuste no distingue fronteras: La bronca de las bases en el Norte Grande es el motor que obliga a los mandatarios a endurecer su postura. No hay gobernabilidad posible sobre el hambre de los pueblos.

El interior no se rinde ante el puerto

Esta maniobra no es nueva: es el viejo sueño del centralismo de ver a las provincias arrodilladas. Sin embargo, la historia argentina demuestra que el federalismo es el límite. El intento de "pelear las capitales" no es más que una confesión de debilidad: el gobierno no tiene territorio y busca comprarlo con el dinero que le pertenece a la gente.

"Intentar dividir a la provincia de su capital es desconocer la identidad de nuestro pueblo. No es una pelea de nombres, es la defensa de la obra pública, de la educación y de la salud que el centralismo porteño nos quiere arrebatar", afirman desde las filas de la liga de gobernadores.

Hacia un frente de unidad nacional

La respuesta a este "plan tácito" de la Rosada debe ser la unidad de los sectores populares y productivos. Los gobernadores, incluso aquellos que buscaron el consenso inicial, están comprendiendo que en este modelo no hay lugar para el desarrollo regional.

El 2026 nos encuentra en una encrucijada: o aceptamos la fragmentación de la Patria que propone el ajuste, o consolidamos un bloque federal que ponga freno al saqueo de las provincias. El país real se juega en el territorio, no en las redes sociales de los funcionarios porteños.