Entre gallos y medianoche: El Gobierno pacta una reforma laboral a medida del mercado y el impuesto al salario pende de un hilo

Entre gallos y medianoche: El Gobierno pacta una reforma laboral a medida del mercado y el impuesto al salario pende de un hilo

Ante la falta de consensos y la presión del movimiento obrero organizado, el oficialismo libertario debió recular y "limpiar" su proyecto de reforma laboral para intentar salvar la Ley Bases. Mientras cede ante la "oposición amigable" para precarizar el empleo, la intención de volver a confiscar el sueldo de los trabajadores con Ganancias choca contra la resistencia federal.

En una muestra más de debilidad política y voracidad ajustadora, el Gobierno de Javier Milei terminó de sellar un acuerdo de cúpulas con los bloques de la oposición colaboracionista (UCR y Hacemos Coalición Federal) para avanzar con una versión "light" de la reforma laboral. La maniobra, orquestada en los despachos del Congreso, busca garantizar los votos necesarios para la Ley Bases, sacrificando los artículos que buscaban destruir el modelo sindical argentino, pero manteniendo el corazón de la flexibilización que exigen los grandes grupos económicos.

Un retroceso táctico, no ideológico

El oficialismo se vio forzado a podar su propio proyecto. De los 60 artículos originales que pretendían arrasar con décadas de conquistas laborales, el dictamen final se reducirá a menos de 20. ¿La razón? El miedo a la calle y la muñeca del sindicalismo peronista.

Para evitar un nuevo fracaso legislativo y un choque frontal con la CGT, la Casa Rosada aceptó eliminar los puntos más provocadores:

  • Se borran las sanciones a las asambleas y protestas sindicales.
  • Se mantiene la ultra actividad de los convenios colectivos.
  • Se retira el ataque a las cuotas solidarias, vitales para el sostenimiento de las organizaciones gremiales.

Sin embargo, no hay que engañarse: lo que queda en pie sigue siendo un ataque directo a la estabilidad del trabajador. El proyecto avalado por el radicalismo insiste en extender el período de prueba (facilitando el despido barato) y eliminar las multas por trabajo no registrado, un premio a la evasión patronal que desprotege al eslabón más débil de la cadena productiva.

El salario no es ganancia: la batalla que el Gobierno puede perder

Mientras se cocina la precarización, el otro frente de tormenta para el modelo libertario es el capitulo fiscal. La obsesión de Milei y del ministro Luis Caputo por reimplantar el Impuesto a las Ganancias —un tributo que el peronismo eliminó para la cuarta categoría por considerarlo injusto— camina por la cornisa.

La resistencia no viene solo de los gremios, sino del interior profundo. Los gobernadores patagónicos, defendiendo el poder adquisitivo de sus habitantes frente al costo de vida y los tarifazos, se han plantado firmes. Saben que votar este impuesto significa meterle la mano en el bolsillo a la clase media trabajadora para financiar el déficit cero que exige el FMI.

Con un poroteo ajustadísimo, el oficialismo sabe que el regreso de este tributo confiscatorio tiene altas chances de caerse en la votación particular. Sería un golpe letal para la narrativa del "déficit cero" y una victoria para quienes sostenemos que el salario es la remuneración al esfuerzo, no una renta financiera.

Conclusión: Ajuste con complicidad

Lo que se está gestando en el Congreso no es una "modernización", como le gusta decir a los medios hegemónicos, sino un toma y daca donde los derechos laborales son la moneda de cambio. El Gobierno cede en su batalla cultural contra los sindicatos solo para salvar el negocio de la flexibilización.

Queda claro que la única barrera real contra el avasallamiento de los derechos adquiridos sigue siendo la unidad del campo nacional y popular,tanto en las bancas como en la calle.