La doble vara de la "República": el silencio cómplice del macrismo ante el Ministerio de la Verdad de Milei

La doble vara de la "República": el silencio cómplice del macrismo ante el Ministerio de la Verdad de Milei

Mientras en 2020 se rasgaban las vestiduras por un observatorio contra las fake news, hoy los autodenominados "defensores de la libertad" callan o aplauden la creación de una oficina estatal diseñada para perseguir voces disidentes y disciplinar al periodismo desde la Casa Rosada.

Lo que ayer era "dictadura", hoy es política de Estado. Así de volátil parece ser la convicción republicana de los socios del gobierno de Javier Milei. La reciente creación de la Oficina de Respuesta Oficial, una estructura ideada por el asesor estrella Santiago Caputo para "desmentir activamente" a la prensa y señalar a la "casta política", ha dejado al descubierto la hipocresía estructural de quienes, hasta hace poco, denunciaban cualquier intento de regulación mediática como un ataque a la democracia.

Esta nueva dependencia, que estará bajo la órbita del Jefe de Gabinete Manuel Adorni y será comandada por el tuitero oficialista conocido como "Juan Doe", no es otra cosa que la institucionalización del hostigamiento digital que el gobierno libertario viene ejerciendo de manera informal. Sin embargo, lo que aturde no es el anuncio en sí —previsible en una gestión que desprecia la pluralidad—, sino el silencio estruendoso de los aliados del PRO y ex funcionarios macristas que hoy integran o sostienen a La Libertad Avanza.

Memoria selectiva

Corría octubre de 2020 cuando la Defensoría del Público lanzó Nodio, un observatorio destinado a analizar la desinformación y la violencia simbólica en medios, con un enfoque pedagógico y de protección a las audiencias. En aquel entonces, la indignación de la derecha mediática y política no se hizo esperar.

Figuras como Patricia Bullrich, Silvana Giudici o Fernando Iglesias —hoy funcionarios o embajadores del gobierno de Milei— hablaron de "comisaría del pensamiento", denunciaron un "Ministerio de la Verdad" orwelliano y alertaron sobre violaciones a los Derechos Humanos. El diputado Alfredo Cornejo llegó a calificar la iniciativa como una "política de persecución solo vista en gobiernos dictatoriales".

Hoy, la realidad los encuentra en la vereda opuesta, pero con la boca cerrada. Aquellos mismos dirigentes que denunciaron a Miriam Lewin y agitaron fantasmas autoritarios ante un organismo de monitoreo, ahora miran para otro lado mientras el Estado monta un aparato oficial para "domar" periodistas y marcar opositores. La "libertad de expresión" que tanto decían defender parece haber quedado subordinada a los acuerdos de cúpula y los cargos oficiales.

El aparato de propaganda libertario

A diferencia de Nodio, que buscaba desarticular discursos de odio y noticias falsas desde una perspectiva de derechos, la nueva Oficina de Respuesta Oficial nace con una vocación de choque y censura. Su objetivo declarado no es proteger a la ciudadanía de la mentira, sino proteger al Gobierno de la crítica. Es la estatización del troll center: recursos públicos volcados a imponer una narrativa única y a amedrentar a quien se atreva a cuestionar el "ajuste más grande de la historia".

Mientras el país atraviesa una crisis social profunda, con índices de pobreza alarmantes y una recesión que golpea el bolsillo de los trabajadores, la prioridad del Ejecutivo parece ser el control del relato. La salida de Marco Lavagna del INDEC y la postergación de índices inflacionarios son síntomas de la misma enfermedad: la incomodidad con la realidad.

Algunas voces aisladas, como la de la Coalición Cívica o una Laura Alonso que intenta despegarse del naufragio institucional, han esbozado críticas tímidas. Pero el núcleo duro del macrismo, ese que cogobierna y garantiza los votos en el Congreso para la entrega de la soberanía nacional, ha elegido la complicidad.

La historia reciente demuestra que el neoliberalismo no tolera el disenso. Necesita del silencio y la desinformación para aplicar un modelo económico de exclusión. La creación de esta oficina confirma lo que el campo popular viene advirtiendo: bajo el disfraz de la "libertad", avanza un proyecto autoritario que no duda en utilizar el aparato estatal para acallar a quienes resisten. La pregunta que queda flotando es: ¿dónde están ahora los republicanos?