El "Gran Garrote" vuelve a escena: Trump convoca a sus delegados regionales para frenar la soberanía comercial con China
En un intento desesperado por retener su hegemonía decadente, el magnate de la Casa Blanca citó a los gobiernos más sumisos de América Latina. El objetivo: obligarlos a romper lazos con el gigante asiático y realinear a la región con los intereses de Washington. Una cumbre que huele a subordinación carnal y que ignora las necesidades de desarrollo de nuestros pueblos.
En un intento desesperado por retener su hegemonía decadente, el magnate de la Casa Blanca citó a los gobiernos más sumisos de América Latina. El objetivo: obligarlos a romper lazos con el gigante asiático y realinear a la región con los intereses de Washington. Una cumbre que huele a subordinación carnal y que ignora las necesidades de desarrollo de nuestros pueblos.
Desde el despacho oval, Donald Trump ha lanzado una convocatoria que suena más a una orden de cuartel que a una invitación diplomática. Bajo el pretexto de "frenar la ofensiva china", el mandatario estadounidense busca disciplinar a lo que ellos todavía consideran su "patio trasero".
La reunión, que contará con la presencia estelar de gobiernos que han decidido arriar las banderas de la soberanía nacional (con el modelo de ajuste argentino a la cabeza), se presenta como una cruzada por la "libertad", pero esconde una realidad mucho más cruda: la guerra por los recursos naturales y el control tecnológico.
¿Seguridad regional o asfixia comercial?
La verdadera libertad es la soberanía económica. China se ha convertido en las últimas décadas en un socio estratégico para el desarrollo de infraestructura y financiamiento en la Patria Grande, sin las recetas de hambre que históricamente ha impuesto el FMI bajo la tutela de Washington.
El planteo de Trump es binario y extorsivo:
- Alineamiento absoluto: Exige que los países latinos den la espalda a las inversiones chinas en minería, litio y telecomunicaciones (5G).
- Proteccionismo para ellos, apertura para nosotros: Mientras Trump cierra sus fronteras y protege su industria, pide que nuestras economías sigan siendo exportadoras de materia prima para el consumo del Norte.
Los "vassallos" del imperio
Es doloroso ver cómo mandatarios de nuestra región acuden al llamado con el entusiasmo de quien espera una palmada en la espalda. En lugar de plantarse como un bloque regional sólido que negocie con el mundo multipolar (BRICS, China, Unión Europea) defendiendo el valor agregado y el trabajo local, prefieren actuar como gerentes de una sucursal colonial.
"No se trata de elegir un amo sobre otro, sino de dejar de tener amos. La Argentina y la región necesitan una política exterior independiente que priorice el plato de comida de los trabajadores antes que las obsesiones geopolíticas de la Casa Blanca", expresaron referentes del pensamiento nacional.
El desafío de la multipolaridad
La ofensiva de Trump no es un signo de fuerza, sino de debilidad. Estados Unidos ve cómo el eje del mundo se desplaza hacia el Oriente y reacciona con lo único que sabe hacer: presión política y amenazas económicas.
Desde este lado de la historia, sostenemos que el único camino es la integración regional. Solo una América Latina unida puede decir "no" a las presiones que intentan convertirnos en un campo de batalla de una nueva Guerra Fría que no nos pertenece.
La soberanía no se negocia en una cumbre en Washington. Se construye en la calle, en las fábricas y en la defensa de nuestros recursos estratégicos frente a cualquier intento de saqueo, venga de donde venga.
