Alerta por la ciencia nacional: Denuncian un plan de vaciamiento y especulación financiera en Bioceres, la joya biotecnológica argentina

La empresa que supo articular la inversión privada con el desarrollo científico estatal del CONICET para crear el trigo HB4 enfrenta una grave acusación. Señalan a su CEO, Federico Trucco, de orquestar maniobras bursátiles para enriquecerse a costa de "vaciar" la compañía, poniendo en riesgo un activo estratégico del país.

Alerta por la ciencia nacional: Denuncian un plan de vaciamiento y especulación financiera en Bioceres, la joya biotecnológica argentina
Alerta por la ciencia nacional

La empresa que supo articular la inversión privada con el desarrollo científico estatal del CONICET para crear el trigo HB4 enfrenta una grave acusación. Señalan a su CEO, Federico Trucco, de orquestar maniobras bursátiles para enriquecerse a costa de "vaciar" la compañía, poniendo en riesgo un activo estratégico del país.

Bioceres no es una empresa más en el panel general. Representa, o debería representar, el modelo virtuoso de una Argentina potencia: la articulación entre el capital nacional y el cerebro argentino —formado en la universidad pública y el CONICET— para generar soberanía tecnológica en un sector clave como el agro. El desarrollo del trigo y la soja HB4, resistentes a la sequía, fue un hito de independencia frente a los gigantes multinacionales.

Sin embargo, ese logro estratégico hoy se ve amenazado por las lógicas más rancias del capitalismo financiero. Una denuncia proveniente de los Estados Unidos ha sacudido los cimientos de la compañía, acusando a su CEO, Federico Trucco, de ejecutar un plan deliberado de "vaciamiento" y manipulación de mercado en beneficio propio y de un círculo cerrado de inversores.

La patria financiera contra la patria productiva

La acusación, impulsada por el estudio jurídico Levi & Korsinsky en representación de accionistas minoritarios, describe un modus operandi que lamentablemente conocemos bien en la historia económica argentina: la utilización de una empresa productiva como mera plataforma de especulación financiera.

El nudo del conflicto radica en un complejo y opaco préstamo otorgado a Marta Harff, principal accionista individual de Bioceres. Según la denuncia, este crédito estaba garantizado con las propias acciones de la compañía. La maniobra denunciada implica que la cúpula directiva habría operado para deprimir artificialmente el valor de la acción en Wall Street. ¿El objetivo? Gatillar las cláusulas de esa garantía, permitiendo que Trucco y sus allegados se apropiaran de un paquete accionario masivo a precio de remate, diluyendo al resto de los inversores y concentrando el poder.

Desplome y sospechas

La realidad bursátil parece dar sustento a las sospechas: en lo que va del año, el valor de Bioceres se ha desplomado un brutal 50%. Mientras miles de pequeños inversores que apostaron al desarrollo nacional ven esfumarse sus ahorros, la denuncia sugiere que esta caída no fue un accidente del "mercado", sino un tobogán diseñado para la transferencia de riqueza hacia la cima de la pirámide corporativa.

Desde la empresa, la respuesta ha sido la negación protocolar, atribuyendo el derrumbe a las "condiciones generales del mercado agrícola" y calificando la demanda de "oportunista". Es la defensa habitual del capital concentrado cuando sus maniobras quedan al descubierto: culpar a la tormenta para ocultar al piloto que hunde el barco a propósito.

Defender el desarrollo nacional

Este caso trasciende un simple conflicto entre privados en Nueva York. Lo que está en juego es el destino de una plataforma tecnológica vital para la Argentina. Si Bioceres termina siendo víctima de la rapiña financiera de sus propios directivos, el daño será al tejido productivo y científico nacional.

Es imperioso que el Estado y la sociedad sigan de cerca este proceso. No se puede permitir que los desarrollos estratégicos, muchos de ellos nacidos con el apoyo fundamental de la inversión pública en ciencia y técnica, terminen siendo desguazados en el casino financiero global para el lucro de unos pocos vivos. Defender Bioceres del vaciamiento es, en definitiva, defender el futuro de nuestra soberanía alimentaria.