Mileicidio: El saldo de un plan de exterminio económico contra el pueblo trabajador
En apenas dos años, el experimento anarcocapitalista de Javier Milei ha pasado de la teoría a la masacre social. Con 22.000 persianas bajas y casi 300.000 familias en la calle, el modelo de "libertad" se revela como lo que siempre fue: una transferencia brutal de ingresos hacia la casta financiera y el capital trasnacional.
En apenas dos años, el experimento anarcocapitalista de Javier Milei ha pasado de la teoría a la masacre social. Con 22.000 persianas bajas y casi 300.000 familias en la calle, el modelo de "libertad" se revela como lo que siempre fue: una transferencia brutal de ingresos hacia la casta financiera y el capital trasnacional.
Lo que la prensa hegemónica intenta disfrazar como "reordenamiento macroeconómico", la realidad en las barriadas y los parques industriales lo define con una palabra más honesta: Mileicidio. Los datos que arroja el último bienio no son producto de la fatalidad ni de una "herencia" pesada; son el resultado quirúrgico de un plan de miseria planificada que busca convertir a la Argentina en una factoría de servicios y extractivismo, sin industria nacional ni dignidad laboral.
La desolación del sector productivo
El ataque al corazón de nuestra economía, las Pymes, ha sido letal. Esas 22.000 empresas que cerraron no son solo números en una planilla de Excel; son el esfuerzo generacional de familias argentinas y el sustento de comunidades enteras que hoy quedan a la deriva.
- 22.000 empresas menos: El cierre masivo de unidades productivas que no pudieron sobrevivir al combo de tarifazos impagables, apertura indiscriminada de importaciones y desplome del consumo interno.
- 290.000 puestos de trabajo destruidos: Un ejército de nuevos desocupados que el sistema descarta sin piedad, empujando a la clase media trabajadora hacia la pobreza y a los sectores vulnerables hacia la indigencia.
"Gobernar es crear trabajo, decía el General. Milei ha decidido que gobernar es destruir la posibilidad de una vida digna para los argentinos, para rendir pleitesía a los mercados financieros que no conocen de soberanía ni de justicia social."
El mercado no abraza, excluye
Mientras desde la Casa Rosada se celebran superávits ficticios construidos sobre el hambre de los jubilados y el desfinanciamiento de las provincias, el peronismo progresista denuncia la perversión de este modelo. No hay libertad posible cuando un trabajador pierde su derecho a llevar el pan a su casa. La "mano invisible" del mercado ha resultado ser un puño de hierro contra el movimiento obrero organizado.
El estado de excepción económico que vive el país ha pulverizado el poder adquisitivo. Cada persiana que baja es un triunfo del capital especulativo y una derrota para la soberanía nacional. La destrucción del empleo registrado no solo precariza el presente, sino que hipoteca el futuro del sistema previsional y la seguridad social.
Organizar la resistencia por la reconstrucción nacional
Frente a este escenario de tierra arrasada, la tarea del campo nacional y popular es clara: unidad y organización. No se trata simplemente de esperar el turno electoral, sino de reconstruir los lazos de solidaridad allí donde el Estado ha desertado.
La Argentina no es un laboratorio de teorías austríacas; es una Nación con memoria y con una clase trabajadora que sabe defender sus conquistas. El Mileicidio encontrará su límite en la voluntad de un pueblo que se niega a ser colonia y que exige, hoy más que nunca, la vuelta de un Estado presente que garantice que, donde hay una necesidad, nazca de una vez y para siempre un derecho.
