Soberanía pedagógica y tecnología: El desafío de poner la técnica al servicio del pueblo y no del mercado
Frente a los discursos tecnocráticos que pretenden convertir el aula en un laboratorio de eficiencia empresarial, surge la necesidad de una tecnología con "mirada humana". En esta intersección entre ingeniería y psicología, la clave no es la innovación por la innovación misma, sino la justicia social educativa: herramientas digitales para la liberación, no para la exclusión.
Frente a los discursos tecnocráticos que pretenden convertir el aula en un laboratorio de eficiencia empresarial, surge la necesidad de una tecnología con "mirada humana". En esta intersección entre ingeniería y psicología, la clave no es la innovación por la innovación misma, sino la justicia social educativa: herramientas digitales para la liberación, no para la exclusión.
En los tiempos que corren, donde el neoliberalismo intenta reducir la educación a una mera transacción de datos y competencias laborales, la pregunta por el rol de la tecnología en nuestras escuelas se vuelve urgente. El debate no puede ser meramente técnico; es, ante todo, político. Como bien nos enseñó la doctrina nacional, la técnica sin alma es solo un instrumento de opresión. Por eso, la reciente convergencia entre la ingeniería y la psicología en el ámbito escolar debe ser analizada bajo la lupa de la justicia social.
La tecnología como herramienta de inclusión, no de descarte
El concepto de "tecnología con mirada humana" no puede ser solo un eslogan de marketing corporativo. Para el peronismo progresista, esto significa que el centro del sistema sigue siendo el sujeto pedagógico: el alumno y la alumna como parte de una comunidad, y el docente como el trabajador esencial que garantiza el derecho al conocimiento.
La ingeniería aporta las herramientas —la conectividad, los dispositivos, las plataformas—, pero es la psicología pedagógica la que debe dictar el rumbo. No se trata de "adaptar al niño a la máquina", sino de que la máquina sea un puente para reducir las brechas históricas que el capitalismo ha profundizado en nuestro territorio. Una computadora en manos de un hijo de trabajadores es un instrumento de movilidad social ascendente, siempre y cuando el Estado esté presente para garantizar que esa tecnología no sea un fin en sí mismo, sino un medio para la emancipación.
Contra la deshumanización del algoritmo
Uno de los mayores riesgos de la digitalización a secas es la despersonalización del aprendizaje. El análisis de los procesos cognitivos no debe servir para etiquetar a los estudiantes o para alimentar algoritmos de control. Al contrario, la psicología que entra al aula debe ser una psicología social, que entienda las realidades de nuestros barrios y las desigualdades de origen.
La tecnología debe servir para potenciar el vínculo humano, para que el docente tenga más tiempo de mirar a los ojos a sus estudiantes y menos tiempo perdido en la burocracia administrativa. La innovación es válida solo si sirve para que "los únicos privilegiados sean los niños", garantizando que la inteligencia artificial no sea un privilegio de pocos, sino un derecho de todos.
Soberanía tecnológica: La otra cara de la moneda
No podemos hablar de tecnología en el aula sin hablar de soberanía. Que las grandes empresas reconozcan la importancia de la psicología es un avance, pero la verdadera transformación ocurrirá cuando el desarrollo tecnológico sea nacional y responda a nuestras propias necesidades culturales y sociales.
Como bien sabemos, no hay justicia social sin independencia económica. La integración de la ingeniería en el aula debe ir de la mano con la creación de contenidos propios, que respeten nuestra identidad y no se limiten a importar modelos del Norte Global que ignoran las asimetrías de nuestras provincias.
Conclusión: Un aula para la liberación
La "mirada humana" que hoy se reclama desde los sectores de vanguardia tecnológica es lo que el pensamiento nacional ha defendido siempre: el humanismo por sobre el capital. La tecnología en el aula es bienvenida, pero no para reemplazar al maestro ni para convertir la educación en un nicho de mercado.
La ingeniería y la psicología deben encontrarse en el aula para construir un país más justo. Porque, al final del día, la mejor "interfaz" sigue siendo el abrazo de una comunidad organizada que educa para la libertad, la igualdad y la felicidad del pueblo.
