Tierra arrasada: El modelo de Milei ya se cargó 22.000 empresas y desangra la producción nacional
Lo que la derecha denomina "ajuste inevitable", el pueblo trabajador lo padece como una masacre social. Según los últimos datos oficiales, desde el inicio del experimento anarcocapitalista de Javier Milei, ya han bajado sus persianas más de 22.000 empresas. Este no es un accidente de mercado: es el resultado deliberado de un modelo de hambre y exclusión que prefiere la "timba financiera" por sobre la dignidad del trabajo argentino.
Lo que la derecha denomina "ajuste inevitable", el pueblo trabajador lo padece como una masacre social. Según los últimos datos oficiales, desde el inicio del experimento anarcocapitalista de Javier Milei, ya han bajado sus persianas más de 22.000 empresas. Este no es un accidente de mercado: es el resultado deliberado de un modelo de hambre y exclusión que prefiere la "timba financiera" por sobre la dignidad del trabajo argentino.
Las cifras, que surgen de los registros de seguridad social y consultoras sectoriales, revelan un cementerio de PyMEs (Pequeñas y Medianas Empresas) a lo largo y ancho del mapa federal. No son solo números; son 22.000 sueños de soberanía productiva rotos y, lo que es más grave, cientos de miles de familias arrojadas a la desocupación y la indigencia.
La destrucción del mercado interno como estrategia
El corazón de la economía es el consumo popular. Sin embargo, el gobierno libertario ha ejecutado una pinza mortal sobre la producción nacional:
- El shock de precios: Con una inflación que devora salarios mientras las tarifas de servicios públicos se dolarizan, el mercado interno ha sido virtualmente aniquilado.
- La apertura importadora indiscriminada: Al quitar la protección a la industria local, Milei entrega el esfuerzo de los argentinos a las grandes corporaciones transnacionales.
- El costo del capital: Con tasas de interés que solo sirven para la especulación, financiarse para producir se ha vuelto una misión suicida.
PyMEs: El blanco predilecto del ajuste
Es fundamental entender que el 95% de estas empresas cerradas son PyMEs, ese tejido social que el peronismo siempre defendió como base de la movilidad ascendente. Al destruir la pequeña empresa, el gobierno no solo elimina empleos, sino que concentra la riqueza en un puñado de monopolios y amigos del poder, profundizando la brecha de desigualdad que la izquierda y el progresismo denuncian históricamente.
"No estamos ante una crisis económica más; estamos ante un plan de disciplinamiento de la clase obrera. Un trabajador desocupado es un trabajador que pierde su capacidad de lucha, y esa es la verdadera 'libertad' que pregona el capital financiero: la libertad de explotar sin resistencia."
El silencio cómplice y la resistencia necesaria
Mientras la "casta financiera" brinda en los hoteles de lujo por el superávit fiscal logrado a costa de los jubilados y los niños, las barriadas populares de nuestra Patria se organizan para resistir el desguace. La historia argentina es clara: ningún modelo que se sostenga sobre el sufrimiento del pueblo y la destrucción del aparato productivo es sostenible en el tiempo.
La reconstrucción de la Argentina deberá empezar, una vez más, por devolverle al Estado su rol planificador y protector, poniendo el capital al servicio del bienestar social y no al revés. Frente a la tierra arrasada, solo queda la organización popular y la convicción de que la justicia social no es una aberración, sino el único camino hacia la paz social.
