Duelo nacional en las fábricas: El cierre de Fate deja a 920 familias sin el pan de la justicia social bajo el mazo del ajuste neoliberal.
La crueldad del modelo extractivista y financiero que hoy asfixia a la Argentina se cobró una nueva y dolorosa pieza: la planta de neumáticos Fate, un emblema del desarrollo manufacturero en San Fernando, anunció el cese de sus operaciones y el despido masivo de 920 trabajadores. Detrás de las frías planillas de costos que esgrime la patronal de Javier Madanes Quintanilla, se esconde la tragedia de casi mil familias que son arrojadas a la incertidumbre por el tiro de gracia que las políticas de "libre mercado" le han dado a la industria nacional.
La crueldad del modelo extractivista y financiero que hoy asfixia a la Argentina se cobró una nueva y dolorosa pieza: la planta de neumáticos Fate, un emblema del desarrollo manufacturero en San Fernando, anunció el cese de sus operaciones y el despido masivo de 920 trabajadores. Detrás de las frías planillas de costos que esgrime la patronal de Javier Madanes Quintanilla, se esconde la tragedia de casi mil familias que son arrojadas a la incertidumbre por el tiro de gracia que las políticas de "libre mercado" le han dado a la industria nacional.
Crónica de un vaciamiento anunciado
Lo que la empresa presenta como una "decisión inevitable" por la falta de competitividad es, en realidad, el resultado directo de un plan sistemático de destrucción del aparato productivo. El combo es letal: apertura indiscriminada de importaciones, tarifazos eléctricos impagables y una caída estrepitosa del consumo interno provocada por el licuamiento de los salarios.
No hay "competitividad" posible cuando el Estado abandona su rol de protector de la mesa de los argentinos. Mientras el gobierno celebra el "déficit cero" en los Excel de la City porteña, en los portones de Fate lo que se respira es la angustia del desamparo. El cierre de esta planta no es solo una pérdida de puestos de trabajo; es un eslabón más en la cadena de desindustrialización que busca convertirnos nuevamente en una colonia exportadora de materias primas sin valor agregado.
La voracidad patronal y el silencio del Estado
Javier Madanes Quintanilla, uno de los dueños del capital más concentrado del país, ha decidido que el ajuste lo paguen, como siempre, los más vulnerables. Resulta inadmisible que empresas que han acumulado rentas extraordinarias durante décadas, hoy, ante la primera crisis del ciclo neoliberal, elijan el camino más corto: el despido y el cierre, sin sensibilidad social ni compromiso con la Patria que les permitió su crecimiento.
El trabajo no es un costo, es la base de la dignidad humana. El despido de estos 920 compañeros representa un golpe al corazón de la comunidad de San Fernando y a todo el cordón industrial del conurbano. Es un ataque directo a la clase trabajadora organizada, que hoy se encuentra bajo el fuego cruzado de una patronal insensible y un Estado que mira para otro lado o, peor aún, aplaude el "ajuste" mientras las máquinas se detienen.
Solo el pueblo salvará al pueblo
Ante este escenario de industricidio, la respuesta debe ser la unidad de los trabajadores y la firmeza de las organizaciones sindicales. No se puede permitir que el destino de las familias argentinas quede a merced de la timba financiera o de los caprichos de importadores que prefieren traer neumáticos de China antes que defender la producción nacional.
La lucha de los laburantes de Fate es la lucha de todo el campo nacional y popular. Es la resistencia contra un modelo que desprecia el trabajo argentino y que pretende una nación para pocos, con exclusión y miseria. Hoy, más que nunca, se impone la necesidad de un Estado presente que intervenga, que proteja el empleo y que ponga freno a la voracidad de quienes ven en el trabajador un simple número de descarte.
