Córdoba 2027: ¿Estrategia para blindar la provincia o simple especulación? El "llaryorismo" calibra el calendario frente al avance de la derecha
En los pasillos del Panal —sede de un peronismo cordobés que a veces parece olvidar su raíz de justicia social para mimetizarse con el republicanismo de salón— ha comenzado a rodar una bola de nieve: la posibilidad de postergar las elecciones provinciales de 2027. La premisa que deslizan desde el entorno del gobernador Martín Llaryora es tan pragmática como cruda: "Se va a votar cuando sepamos que se gana".
En los pasillos del Panal —sede de un peronismo cordobés que a veces parece olvidar su raíz de justicia social para mimetizarse con el republicanismo de salón— ha comenzado a rodar una bola de nieve: la posibilidad de postergar las elecciones provinciales de 2027. La premisa que deslizan desde el entorno del gobernador Martín Llaryora es tan pragmática como cruda: "Se va a votar cuando sepamos que se gana".
Esta frase, que en la superficie suena a realismo político, esconde una encrucijada profunda para el campo nacional y popular. En tiempos donde el gobierno central de Javier Milei ejecuta un plan de miseria planificada contra el pueblo argentino, la especulación con el calendario electoral no puede ser un fin en sí mismo, sino una herramienta para defender a Córdoba del vendaval neoliberal.
El tablero de la supervivencia: Entre el marketing y la militancia
La gestión de Llaryora sabe que el escenario es volátil. El avance de las huestes libertarias en el interior del país —muchas veces alimentado por el propio discurso antipolítica que el "cordobesismo" fomentó durante años— hoy amenaza con devorar a sus propios creadores. Por eso, el gobernador analiza demorar el llamado a las urnas para despegarse de la suerte de la Casa Rosada y esperar el desgaste inevitable de un modelo que solo ofrece ajuste y represión.
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Ganar para qué? La especulación electoral solo cobra sentido si el objetivo es consolidar un modelo productivo con inclusión, que recupere la soberanía sobre nuestros recursos y proteja a los trabajadores cordobeses de la motosierra de Milei. El riesgo de "esperar a estar seguros" es que, en el camino, la desmovilización popular permita que la derecha más rancia siga ganando terreno cultural.
La necesidad de un peronismo que vuelva a sus bases
El análisis de Llaryora se da en un contexto de fragmentación. El peronismo de Córdoba ha construido su hegemonía sobre una base de gestión eficiente, pero muchas veces despojada de la épica transformadora que el pueblo reclama. Retrasar las elecciones para "garantizar el triunfo" puede ser una jugada maestra de ingeniería política, pero el verdadero triunfo se construye en las barriadas, en las fábricas recuperadas y en la resistencia al ajuste.
Si el "llaryorismo" pretende sobrevivir al tsunami reaccionario, no le bastará con manejar el cronómetro de la justicia electoral. Deberá llenar las urnas con un contenido que hable de justicia social, de salarios dignos y de un Estado presente que no le pida permiso al mercado para existir.
¿Unidad o conveniencia?
La demora en el llamado a elecciones también busca disciplinar a la tropa propia y evitar fugas hacia el esquema de Luis Juez o hacia el experimento libertario cordobés. Pero la unidad que necesita el campo popular no es la del espanto ni la de la conveniencia de cargos; es la unidad programática para que Córdoba sea, de una vez por todas, el kilómetro cero de la reconstrucción nacional y no una isla que mira de costado mientras el resto del país se hunde en el hambre.
La moneda está en el aire. Llaryora tiene el poder de decidir cuándo se vota. Los trabajadores y los sectores populares tenemos la tarea de exigir que, cuando llegue ese día, la opción en el cuarto oscuro sea un proyecto de liberación y no simplemente una versión más prolija del conservadurismo de siempre.
¡Que el cálculo electoral no opaque la urgencia del hambre! ¡Por una Córdoba peronista, progresista y al servicio del pueblo!
