El apagón industrial no se detiene: la metalurgia cae un 6,2% y el modelo de Milei nos arrastra al subsuelo de la pandemia

La destrucción del aparato productivo nacional avanza sin frenos bajo el dogma del ajuste salvaje. La actividad metalúrgica se desplomó un 6,2% interanual, alcanzando niveles de parálisis que no se veían desde los peores meses del encierro de 2020. No es "eficiencia", es el desguace planificado de la columna vertebral de nuestra industria.

El apagón industrial no se detiene: la metalurgia cae un 6,2% y el modelo de Milei nos arrastra al subsuelo de la pandemia
Apagón industrial

La destrucción del aparato productivo nacional avanza sin frenos bajo el dogma del ajuste salvaje. La actividad metalúrgica se desplomó un 6,2% interanual, alcanzando niveles de parálisis que no se veían desde los peores meses del encierro de 2020. No es "eficiencia", es el desguace planificado de la columna vertebral de nuestra industria.

Las chimeneas que Néstor y Cristina volvieron a encender hoy se apagan bajo el frío diseño de la timba financiera y el desprecio por el trabajo argentino. Según el último informe de ADIMRA, la actividad metalúrgica registró una caída del 6,2% en términos interanuales, una cifra que traduce en estadísticas el drama que viven miles de familias trabajadoras que ven peligrar su sustento frente al avance de la recesión inducida.

Lo que los economistas del establishment llaman "reordenamiento de precios", para el pueblo trabajador es, llanamente, un industricidio. Operar hoy a los niveles más bajos de los últimos cuatro años significa borrar de un plumazo la recuperación productiva del periodo anterior y retrotraer a la Argentina a un escenario de emergencia, similar al que impuso la crisis sanitaria global. Con una diferencia fundamental: hoy el virus es una política económica que elige asfixiar el consumo interno para quedar bien con el Fondo Monetario Internacional.

Sectores en caída libre: el golpe al corazón del desarrollo

La debacle no es uniforme, pero es sistémica. Los sectores vinculados a la construcción y al consumo masivo son los más castigados por la motosierra de la Casa Rosada. La parálisis de la obra pública —decisión política de abandonar la infraestructura federal— ha dejado a los talleres metalúrgicos sin su principal motor.

Por otro lado, la caída en el sector automotriz y de línea blanca refleja el hundimiento del poder adquisitivo de los salarios. En la Argentina del "no hay plata", las familias no pueden cambiar el auto ni comprar una heladera, y esa falta de demanda interna es la que hoy condena a las PyMEs metalúrgicas a trabajar a media máquina o, peor aún, a bajar las persianas.

La timba vs. el torno

Esta crisis no es un accidente de mercado, sino el resultado lógico de un modelo de acumulación que privilegia la exportación de materias primas y la especulación financiera por sobre el valor agregado nacional. Mientras el gobierno celebra superávits ficticios construidos sobre el hambre y la deuda, el sector que genera empleo genuino y calificado se desangra.

La apertura indiscriminada de importaciones —una receta vieja que siempre termina en tragedia— amenaza con dar el tiro de gracia. Sin un Estado que proteja el trabajo argentino de la competencia desleal, y con tarifas energéticas que se volvieron impagables para cualquier taller de barrio, el destino de la metalurgia parece ser el mismo que en los años 90: el galpón vacío o la cancha de fútbol 5.

Recuperar la soberanía productiva

Desde esta redacción sostenemos que no hay Nación posible sin industria. El retroceso de la actividad metalúrgica a niveles de hace cuatro años es una señal de alarma que debe movilizar a todos los sectores del campo popular. Defender la industria es defender la soberanía nacional; es entender que cada punto de caída en el índice de ADIMRA es un paso más hacia una Argentina de exclusión y miseria.

La historia nos enseña que solo el mercado interno fuerte y la protección del Estado pueden garantizar un futuro de grandeza. El desierto industrial al que nos quieren llevar es el terreno fértil para la entrega del país. Resistir el cierre de cada taller y la pérdida de cada puesto de trabajo es, hoy, el imperativo ético de quienes soñamos con una Patria justa, libre y, sobre todo, soberana.