El modelo de Milei apaga las máquinas y condena a la "Madre de Industrias" al abandono
Mientras el gobierno de los mercados celebra el ajuste desde las planillas de Excel, la realidad en los talleres es desoladora: la actividad metalúrgica se desplomó más de 6 puntos en enero y las fábricas funcionan apenas al 40% de su capacidad. No es "saneamiento", es el desguace planificado de la Nación.
Mientras el gobierno de los mercados celebra el ajuste desde las planillas de Excel, la realidad en los talleres es desoladora: la actividad metalúrgica se desplomó más de 6 puntos en enero y las fábricas funcionan apenas al 40% de su capacidad. No es "saneamiento", es el desguace planificado de la Nación.
La Argentina industrial, esa que el General Perón forjó como columna vertebral de la soberanía nacional, está siendo sometida a un proceso de asfixia premeditada. Los últimos datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA) son una sentencia de muerte para el sector: en el primer mes del año, la actividad cayó un 6,4%, dejando a las plantas argentinas en un estado de parálisis que no se veía desde las peores crisis de nuestra historia.
Fábricas en silencio: El costo del "no hay plata"
Hoy, el 60% de la capacidad instalada de nuestras metalúrgicas está ociosa. Esto no son solo números; son máquinas detenidas, hornos que se enfrían y, fundamentalmente, miles de familias de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) que ven cómo el fantasma de las suspensiones y los despidos golpea a su puerta.
El nivel de utilización de las plantas ha caído a niveles críticos (40%), comparables únicamente con el estallido del 2001 o el parate total de la pandemia. La diferencia es que hoy la parálisis es una decisión política: el Gobierno Nacional ha decidido dinamitar el consumo interno, paralizar la obra pública y abrir las fronteras para que el capital transnacional termine de devorar lo que queda del aparato productivo.
La pinza del ajuste: Tarifazos y apertura importadora
La crisis que atraviesa el sector no es fruto de la "ineficiencia", como intentan instalar los voceros del régimen anarcocapitalista. Es el resultado de una pinza mortal:
- La destrucción del mercado interno: Con salarios licuados por la inflación y una devaluación brutal, el pueblo ya no puede comprar los bienes que produce su propia industria.
- El abandono estatal: La eliminación de la obra pública ha dejado a las empresas que proveen insumos para la infraestructura en un callejón sin salida.
- Costos dolarizados: Mientras los ingresos caen, las tarifas de energía y gas —fundamentales para la metalurgia— suben al ritmo de la codicia de las empresas energéticas amigas del poder.
El retorno al modelo agroexportador de la oligarquía
El diagnóstico es claro: estamos ante el retorno del modelo de la generación del 80. Un país que exporta materias primas sin valor agregado e importa manufacturas extranjeras, dejando fuera del sistema a millones de argentinos.
La metalúrgica es la "madre de industrias" porque alimenta al campo, a la construcción y a la energía. Al herirla de muerte, el gobierno de Milei busca romper la escala social ascendente y convertirnos en una colonia proveedora de recursos naturales (litio, gas y petróleo) sin desarrollo industrial propio.
La resistencia es el camino
La historia nos enseña que no hay independencia económica sin industria nacional. El desprecio de la actual gestión por el "hecho en Argentina" es, en última instancia, un desprecio por la soberanía de nuestra Patria.
Frente a este escenario de industricidio, la unidad de los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios nacionales es la única garantía para frenar el saqueo. La reactivación no vendrá de la mano del "derrame" de las grandes corporaciones, sino de la recuperación del salario y de un Estado presente que proteja el trabajo argentino con uñas y dientes.
