Soberanía o Dependencia: La trampa detrás del "histórico acuerdo" con EE.UU. y la defensa necesaria de la Industria Nacional

El reciente fallo de la OMC sobre el biodiésel reabre el debate sobre la relación comercial con Washington. Lejos de los festejos ingenuos del neoliberalismo local, el campo nacional y popular advierte sobre la "doble vara" del proteccionismo norteamericano y la necesidad de un Estado fuerte que priorice el trabajo argentino por sobre la primarización de nuestra economía.

Soberanía o Dependencia: La trampa detrás del "histórico acuerdo" con EE.UU. y la defensa necesaria de la Industria Nacional
Soberanía o Dependencia.

El reciente fallo de la OMC sobre el biodiésel reabre el debate sobre la relación comercial con Washington. Lejos de los festejos ingenuos del neoliberalismo local, el campo nacional y popular advierte sobre la "doble vara" del proteccionismo norteamericano y la necesidad de un Estado fuerte que priorice el trabajo argentino por sobre la primarización de nuestra economía.

La reciente determinación en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC) respecto a las barreras impuestas por Estados Unidos al biodiésel argentino ha despertado, una vez más, los cantos de sirena de los sectores siempre prestos a la relaciones carnales con el Norte. Desde las usinas del pensamiento conservador se intenta instalar la idea de una "oportunidad histórica" para retomar un acuerdo comercial amplio con la potencia hegemónica. Sin embargo, una lectura profunda y comprometida con los intereses nacionales nos obliga a encender las alertas: la historia nos enseña que, en las relaciones asimétricas con gigantes económicos, si el Estado no regula en favor del pueblo, el resultado es la desindustrialización.

La hipocresía del "Libre Comercio" imperial

El caso del biodiésel es paradigmático para entender cómo funciona realmente el comercio global, lejos de los manuales de economía ortodoxa. Argentina logró desarrollar, gracias a políticas públicas activas durante los gobiernos nacionales y populares, una industria de biodiésel altamente competitiva a nivel mundial, agregando valor a nuestra producción primaria.

¿Cuál fue la respuesta de Estados Unidos, el supuesto campeón del libre mercado? Un proteccionismo feroz. Cuando la competencia argentina puso en riesgo a sus productores locales (menos eficientes), Washington no dudó en aplicar aranceles astronómicos bajo excusas técnicas de dumping, cerrando de facto un mercado de miles de millones de dólares.

El fallo reciente puede ser una victoria técnica en los tribunales internacionales, pero revela la matriz de fondo: Estados Unidos exige apertura comercial a los países en desarrollo mientras blinda con uñas y dientes su propia industria. Es la famosa doctrina de "haz lo que yo digo, no lo que yo hago", diseñada para mantenernos como meros proveedores de materias primas baratas.

El peligro de un acuerdo asimétrico

La reactivación de las conversaciones comerciales tras este fallo plantea una encrucijada fundamental. Para el gobierno actual, de corte libertario y alineación automática con la Casa Blanca, el objetivo parece ser firmar cualquier acuerdo que prometa un ingreso rápido de divisas, sin importar el costo social y productivo a largo plazo.

Advertimos que un "histórico acuerdo" que no contemple la protección de nuestras PyMEs, el desarrollo tecnológico autónomo y la defensa del salario de los trabajadores, no será más que una nueva versión del Pacto Roca-Runciman.

El riesgo es claro: que a cambio de permitirnos exportar un poco más de biodiésel (o peor aún, solo soja sin procesar), nos exijan abrir indiscriminadamente nuestro mercado a las manufacturas estadounidenses, destruyendo el tejido industrial nacional que tanto costó reconstruir y que es el único generador genuino de empleo de calidad.

Un comercio exterior al servicio del Pueblo

No se trata de aislarnos del mundo, sino de integrarnos de manera inteligente y soberana. La verdadera discusión no es "comercio sí o comercio no", sino "comercio para quién".

Un modelo nacional de desarrollo exige que las relaciones comerciales con potencias como EE.UU. estén subordinadas a un plan estratégico de industrialización. Necesitamos exportar cada vez más trabajo argentino agregado en origen, y no solo recursos naturales que se agotan.

Frente a la euforia de los mercados financieros y los editorialistas del establishment, es deber del campo popular mantener la guardia alta. La soberanía económica no se negocia en una mesa de saldos de la OMC; se defiende con un Estado presente que utilice el comercio exterior como herramienta de justicia social y no como mecanismo de sumisión neocolonial.