Entre el delirio autoritario y el abismo social: El experimento de Milei cruje ante una realidad que no perdona

Mientras el Ejecutivo se regodea en una concentración de poder inédita para tiempos democráticos, el modelo de exclusión empieza a mostrar sus grietas. La "casta" financiera festeja, pero la economía real se hunde y las internas en el Palacio ponen de manifiesto la fragilidad de un proyecto que solo cierra con represión y hambre.

Entre el delirio autoritario y el abismo social: El experimento de Milei cruje ante una realidad que no perdona
Entre el delirio autoritario y el abismo social.

Mientras el Ejecutivo se regodea en una concentración de poder inédita para tiempos democráticos, el modelo de exclusión empieza a mostrar sus grietas. La "casta" financiera festeja, pero la economía real se hunde y las internas en el Palacio ponen de manifiesto la fragilidad de un proyecto que solo cierra con represión y hambre.

Javier Milei se mueve hoy por los pasillos de la Casa Rosada con la soberbia de quien cree haber refundado la Nación sobre las cenizas de la justicia social. Sin embargo, detrás de la puesta en escena de "todo el poder", lo que se percibe es un gobierno que se encierra en su propio laberinto. El "ruido" que mencionan los círculos rojos no es otra cosa que el eco de un país que no aguanta más y de una gestión que, en su afán de entrega, empieza a devorarse a sí misma.

La economía del descarte: Números que no cierran con la gente adentro

Para el relato oficial, el ajuste más grande de la historia es un éxito de manual. Pero para el movimiento nacional y popular, la lectura es clara: estamos ante un plan de transferencia de recursos planificado desde los sectores del trabajo hacia la cúspide de la pirámide financiera.

La supuesta "estabilidad" que pregona el Ministerio de Economía es, en realidad, la paz de los cementerios. El consumo popular está aniquilado, las pymes —motor del empleo argentino— bajan sus persianas ante la indiferencia de un Estado que abdicó de sus funciones, y la soberanía nacional se rifa al mejor postor bajo el paraguas del RIGI. Los "ruidos" económicos de los que habla el establishment son la respuesta lógica a un modelo que desprecia el mercado interno y apuesta todo a la timba y a la exportación de recursos primarios sin valor agregado.

Internas en el cielo: Las grietas del autoritarismo

El ejercicio del poder de Milei, marcado por el mesianismo y el desprecio a las instituciones, ha generado un clima de sospecha permanente dentro de su propia coalición de intereses. No se trata de debates ideológicos —porque en el fondo todos comparten la agenda del capital— sino de una lucha descarnada por el botín del Estado que decían querer destruir.

Las internas que hoy florecen en el Ejecutivo son el síntoma de un gobierno que no tiene red social. Al haber roto el contrato electoral con las mayorías y al perseguir con saña a las organizaciones sindicales y sociales, Milei se ha quedado solo con su círculo de hierro. La desconfianza entre sus propios funcionarios refleja la precariedad de un armado que se sostiene más por el espanto y la pauta oficial que por una convicción política de destino nacional.

La resistencia necesaria

Mientras el "León" se entretiene con su agenda internacional de extrema derecha, el campo nacional y popular tiene la tarea histórica de reorganizarse. El poder que Milei ostenta es, en última instancia, prestado por los sectores concentrados que lo usan como punta de lanza para desmantelar los derechos conquistados en un siglo de lucha.

La realidad es obstinada: no hay poder político que aguante si no hay pan en las mesas de los argentinos. El "ruido" que hoy preocupa a la Rosada es el preludio de una conciencia que despierta. La Argentina no es un laboratorio de experimentos sociales para el anarcocapitalismo; es una Patria que sabe de resistencias y que, tarde o temprano, volverá a levantar las banderas de la independencia económica y la soberanía política.