El precio de la desindustrialización: la producción automotriz cayó 19,3% en cinco meses
El desplome del mercado interno por la pérdida del poder adquisitivo destruye el empleo sectorial. Stellantis retira a Citroën de las líneas nacionales de montaje y abre el grifo de las importaciones y los despidos en El Palomar.
La recesión impuesta como dogma económico continúa triturando el músculo productivo de la Argentina. Según los últimos datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), la industria automotriz nacional fabricó 40.000 vehículos menos en los primeros cinco meses de 2026 en comparación con el año anterior, consolidando un derrumbe acumulado del 19,3%. En mayo, la contracción interanual se agudizó hasta alcanzar el 21,5%.
Este escenario no responde a un ciclo fortuito, sino a una transferencia planificada de recursos que destruye la soberanía política e independencia económica del país. El congelamiento del mercado interno, inducido por el deterioro intencional del salario real frente a los precios fijos de las corporaciones, ha pulverizado el consumo popular. Ante la asimetría de la apertura comercial, las firmas transnacionales reconfiguran sus estrategias de rentabilidad global a expensas del trabajo argentino.
El caso de Stellantis en El Palomar funciona como testigo de esta dinámica transnacional y de la consecuente erosión de la justicia social. La corporación anunció el fin de la producción de la histórica Citroën Berlingo, transfiriendo ese volumen a terminales de Brasil y Europa para abastecer el mercado local mediante la importación pura. El repliegue fabril viene acompañado de un esquema corporativo clásico: la apertura de retiros voluntarios —mecanismo extorsivo de desvinculación laboral— para achicar drásticamente las plantas operativas.
El impacto social derrama con crudeza sobre las pymes y el eslabón autopartista, verdadero motor de valor agregado nacional. La firma Clapp, ubicada en Jeppener, ya debió reducir a la mitad su personal como consecuencia directa del parate en las líneas de ensamble de Peugeot.
Mientras el entramado industrial se desarma, el capital financiero tradicional profundiza su selectividad excluyente. Entidades como Mercedes Benz Financiera blindan su rentabilidad restringiendo el crédito productivo bajo criterios estrictos de "calidad crediticia". Así, se consolida una economía de supervivencia corporativa que deprime el desarrollo soberano y relega a los sectores populares y al trabajo argentino al rol de variables de ajuste de un modelo globalizado y extractivo.
