Estamos mal, pero ¿Vamos bien?
No es la primera vez y lamentablemente no va a ser la última que un gobierno nos diga, “estamos mal, pero vamos bien”, al final del túnel está la luz, lo peor ya pasó, esperamos al segundo semestre que vienen los brotes verdes, etc, etc, etc.
Más allá que lo dijo Martínez de Hoz en la sangrienta dictadura, lo dijeron en el menemismo, lo dijo Macri y ahora Milei, pero con una diferencia, la profundidad de la ruptura de este gobierno con lo institucional, político, económico y cultural, en democracia, no tiene precedentes. Estamos retrocediendo a pasos agigantados. No sólo por la pérdida de empleo, de empresas y de salarios que ya es grave, sino que esta vez el modelo que están avanzando tiene pocos ganadores, muchos perdedores y una matriz económica que implica pérdida de soberanía, ruptura de la matriz productiva, científica, tecnológica y educativa con más la extranjerización de la tierra y los recursos naturales.
Argentina fue un país rico en recursos naturales, con un capital intelectual de los más importantes de América Latina, sino el más importante, con una distribución de la riqueza injusta y con una distribución del ingreso que, en algunos períodos de nuestra historia bajo gobiernos populares, fue bueno.
A modo de ejemplo, podemos decir que el sistema educativo durante un siglo fue ejemplo en el continente y nos permitió ser el único país de América Latina que obtuvo tres premios Nobel en ciencias, producto de la universidad pública y también lo fueron los dos premios Nobel de la Paz.
El primer censo nacional, arrojó que casi el 78% de la población era analfabeta. A partir de ese dato contundente se aplicaron políticas de Estado que a lo largo de décadas cambiaron radicalmente la situación. En 1884 se dictó la Ley 1420 de educación común primaria obligatoria, gratuita, gradual y laica. La educación dependía del gobierno nacional porque las provincias cuidaban de los recursos necesarios para llegar a cada rincón del país. En 1918 una verdadera revolución en el campo de las ideas terminó con la Universidad confesional y la Reforma del '18 permitió no sólo la autonomía, el cogobierno y la libertad de cátedra sino que dio paso a la universidad científica y moderna. Luego en 1949, la Universidad fue gratuita para que la movilidad social ascendente llegara a todos los trabajadores ya sus hijos.
Es decir que tres gobiernos de signo diferente, uno conservador, otro radical y otro peronista aplicaron, cada uno a su tiempo, políticas públicas que permitieron que Argentina alcanzara los mayores estándares de alfabetización, movilidad social ascendente, pleno empleo, industrialización, inversión en ciencia y en tecnología.
Todo eso no sólo está en peligro, sino que está cuestionado desde sus cimientos, mucho más peligroso.
¿Cómo es posible que el siglo 21 discutamos el lugar de la educación o de la ciencia en una sociedad? Resulta inconcebible.
Nos gobierna un grupo de MARGINALES. Que se entienda bien: Milei es un marginal de las teorías económicas. La escuela austríaca es marginal en el mundo del pensamiento económico. Los Benegas Lynch son marginales en el mundo del pensamiento jurídico y Laje, es un marginal en el mundo de las ideas del campo de la filosofía, si es que a su pensamiento le podemos dar semejante calificación. El problema es que nos gobiernan ideas marginales, retrógradas, supremacistas de cabotaje, misóginas y lo que es peor, antidemocráticas.
¿Cómo llegamos a esto? ¿Si en 1983 votamos por la democracia, eligiendo a quien recitaba el preámbulo de la Constitución, que prometía juzgar por primera vez en el mundo los crímenes de Lesa Humanidad a través de tribunales ordinarios con las garantías del debido proceso y cuyo trabajo por la democracia fue reconocido internacionalmente? ¿Cómo es posible que después de haber votado a presidentes que sostuvieron procesos de reindustrialización, desendeudamiento y crecimiento económico con distribución del ingreso, ahora se haya votado a alguien que desprecia a las personas, que les quita los remedios a los enfermos de cáncer y les pega a los jubilados una vez por semana?
En estos días vivimos episodios similares a los vividos hace 60 años, cuando la dictadura de Onganía a bastonazos limpios, sacaba de la Universidad a Profesores y científicos que terminaron exiliados, como seguramente terminarán muchos científicos nucleares echados de sus trabajos y rodeados por la gendarmería porque el gobierno quiere entregarles a algunos privados extranjeros, la logística de nuestra inteligencia nuclear.
Están destruyendo al país para repartir los resortes económicos y de poder a unos pocos, no sólo con la aparente locura del presidente sino con la complicidad de una parte de la política y de los empresarios del país.
ESTAMOS VIVIENDO EL FRACASO DE LA DIRIGENCIA ARGENTINA, ASI, CON MAYÚSCULAS.
Esto sería imposible sin la corporación judicial, sin empresarios avaros y suicidas, sin políticos corruptos, sin corporaciones de medios a los que no les interesa el periodismo y periodistas a los que sólo les importa el dinero y, claro, sin sindicalistas entreguistas.
Por supuesto que para llegar a esto se cometieron y se siguen cometiendo errores y horrores imperdonables. En 1983 queríamos una Democracia con Poder y con sentido social, es decir, con libertad e igualdad. Era la síntesis de años de desencuentros entre los que priorizaban la libertad individual sin condiciones de equidad y los que pensaban en la igualdad subordinando el sentido de las libertades personales. Después de la dictadura más sangrienta, la dirigencia y la sociedad comprendimos que la democracia necesitaba de ambas cosas: libertad e igualdad.
La democracia con poder, significaba subordinar el poder militar al poder civil, pero también que las corporaciones actuaran dentro del sistema y no fuera de él.
Se logró con esfuerzo la institucionalización de la República, la democracia como forma de convivencia y se terminaron los golpes de Estado. Lo que no se puedo lograr al principio fue que con la democracia se comía, se estudiaba y se curaba, pero con el paso del tiempo democrático, en diversos momentos se logró de manera satisfactoria.
Pero queda claro que, en 2023, por muchos factores, la democracia no estaba dando respuestas a los problemas cotidianos de la sociedad y allí aparece el actual presidente que, con propuestas absurdas y disparatadas, les decía a los más insatisfechos que, con sus políticas todo iba a cambiar y que “la casta” lo iba a pagar.
Por supuesto que no ocurrió ni va a ocurrir, otra vez estamos mal, pero vamos bien, pero esta vez nos va a llevar décadas recuperarnos.
¿Qué necesitamos?
Unirnos a través de un programa de gobierno que priorice el trabajo, el salario, la educación, la ciencia, el desarrollo, la equidad, el desendeudamiento y el Respeto por la democracia y la Constitución.
Primero el programa, luego los instrumentos para ejecutarlos y después los candidatos. Es imposible pensar en un país democrático, con esta Corte de Justicia y con un poder judicial (con minúscula) absolutamente corrompido. Es imposible pensar en un frente político, económico y social si algunos dirigentes priorizan su organización al bien común.
Si no comprendemos la magnitud de la crisis y de los poderes a los que nos enfrentamos, es que no entendimos absolutamente nada.
Cada vez que Yrigoyen perdía una revolución y le preguntaban qué hacer, él respondía que había que empezar de nuevo.
Hay que empezar de nuevo, con ideas e ideales. Si abandonamos las utopías por las conveniencias, seguirán los marginales de todo tipo llevando adelante políticas en su beneficio y será demasiado tarde.
Los que creemos en la honestidad, en la libertad con justicia social, en el desarrollo armónico y sustentable preservando al ambiente, los que creemos en el trabajo, en la educación, en el rol ordenador de un Estado Democrático, los que creemos en las instituciones republicanas no sólo tenemos que repudiar y denunciar todo lo que está ocurriendo, sino que tenemos que ser capaces de construir una alternativa plural y democrática que pongan en el centro al ser humano y no al lucro obsceno.
¿Es fácil? Por supuesto que no. ¿Es posible? En realidad, es necesario. Si nos hubiéramos quedado con el posibilismo, hoy tendríamos autoamnistía y no una política de Memoria, Verdad y Justicia. Si nos hubiéramos quedado con el posibilismo no se hubiera creado YPF o no se hubiera cancelado la deuda externa, el matrimonio no sería igualitario y el obrero nunca hubiera tenido derechos.
La imaginación al poder, la ética de la solidaridad, la justicia social, la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Como dijo Salvador Allende, la historia la escriben los pueblos.
Gustavo López
Presidente de Forja
Profesor Universitario
