El crecimiento de la venta callejera expone la crudeza de la crisis en los barrios

El incremento del 11,8% mensual en la vía pública porteña durante abril no responde a un desafío normativo, sino a la urgente necesidad de generar ingresos frente al desempleo y la pulverización del salario. El predominio del rubro de alimentos y bebidas ratifica que los sectores populares recurren a la informalidad para garantizar el sustento básico.

El crecimiento de la venta callejera expone la crudeza de la crisis en los barrios
El crecimiento de la venta callejera

Detrás de las frías estadísticas que las corporaciones mercantiles suelen etiquetar bajo el rótulo punitivo de «ilegalidad», se esconde la cartografía de un entramado social asfixiado. El último informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) reveló un incremento del 11,8% en la venta callejera en la Ciudad de Buenos Aires durante abril respecto al mes anterior. Este repunte, lejos de ser un fenómeno aislado, expone las consecuencias directas de un modelo económico de exclusión que destruye puestos de trabajo formal y obtura los canales tradicionales de la producción nacional.

El dato más sintomático del relevamiento es que el rubro de alimentos y bebidas continúa liderando de manera absoluta la actividad en el espacio público. En un contexto sociolaboral signado por la devaluación planificada y la disparada del precio de la canasta básica, la calle deja de ser un lugar de tránsito para transformarse en el último refugio de la subsistencia. Los sectores populares no optan por la informalidad por comodidad comercial, sino como una estrategia desesperada de la comunidad organizada para poner un plato de comida en la mesa ante la retirada sistemática del Estado regulador.

La concentración geográfica de esta realidad en nodos como la calle Perú o la estación Once evidencia una disputa de poder territorial. Mientras la gestión de la Ciudad responde con lógicas de control fiscal y represión al eslabón más débil, la vacancia de locales comerciales —que también registra alzas interanuales— demuestra que la crisis golpea tanto al pequeño comerciante como al mantero.

Frente a la tecnocracia de mercado que criminaliza la pobreza para salvaguardar los intereses del gran capital concentrado, se vuelve imperioso recuperar las banderas históricas de la justicia social y la soberanía económica. No se resolverá la ocupación del espacio público con persecución judicial, sino con políticas activas que devuelvan la dignidad a la clase trabajadora a través del empleo genuino, el fortalecimiento del mercado interno y la defensa de la producción nacional.