El límite social del ajuste: La "motosierra" se ahoga en el descontento popular
El modelo de exclusión y primarización económica impuesto por Javier Milei registra su nivel más bajo de aprobación. El desplome de los ingresos y el temor al desempleo dinamitan el consenso social, incluso en su propio núcleo electoral.
La ficción de que la recesión generalizada era un peaje "necesario" comenzó a desmoronarse bajo el peso de la realidad material. A dos años y medio de gestión libertaria, el pretendido consenso sobre el sufrimiento útil se licuó: el apoyo al ajuste cayó del 43% en enero al 32% en mayo, registrando el rechazo histórico más alto hacia el Presidente (55%), según el último informe de la consultora QSocial. La pérdida de paciencia social no es un fenómeno abstracto ni digital —donde los "me gusta" del mandatario se desplomaron hasta un 79%—, sino la consecuencia directa de una economía que asfixia el consumo del pueblo para sostener la rentabilidad extractivista.
El proceso de primarización de la economía argentina consolidó una matriz de exclusión estructural. El agro, la minería y la timba financiera explican el 50% de un rebote macroeconómico raquítico del 2%. Sin embargo, estos sectores concentran capital pero no generan trabajo. En la otra ventanilla de la realidad, las ramas que dinamizan el entramado social y el empleo local —como la industria, el comercio y la construcción— continúan sumergidas entre 3 y 10 puntos por debajo de los niveles de 2023.
La pulverización de los salarios explica este quiebre. Mientras la inflación mensual no perfora el 2%, las paritarias corren por detrás; el sector privado registrado acumuló una pérdida del 3,5% real en el primer cuatrimestre de 2026. Este estrangulamiento licuó la capacidad de ahorro (inexistente en el 58% de los hogares) y obligó al 75% de las familias a recortar consumos básicos. A esto se suma el fantasma de la desocupación: el 55% de los trabajadores teme por la estabilidad de su empleo.
El experimento libertario choca contra sus propios límites políticos y económicos. Detrás de la épica del déficit cero, lo que se devela es una fenomenal transferencia de recursos desde los sectores populares hacia las minorías concentradas. Ningún proyecto de país puede sostenerse de espaldas al trabajo y a la justicia social.
