Rosca de palacio a espaldas del pueblo: el pacto Macri-Llaryora para fragmentar Córdoba

El encuentro secreto devela una ingeniería electoral de centroderecha que prioriza la supervivencia de las élites, mientras el tejido social y productivo sufre el impacto de las políticas de ajuste.

Rosca de palacio a espaldas del pueblo: el pacto Macri-Llaryora para fragmentar Córdoba
Rosca de palacio a espaldas del pueblo

La reciente reunión en Vicente López entre Mauricio Macri y el gobernador cordobés, Martín Llaryora, expone la vigencia de un pragmatismo de mercado disociado de las urgencias populares. Bajo la histórica mediación de Juan Schiaretti, el encuentro selló una tregua táctica que devela cómo las cúpulas diseñan ofertas electorales en laboratorios herméticos, totalmente ajenas a la crisis del empleo y a la destrucción de la producción nacional en la provincia.

Para Llaryora, el eje central no radica en revertir el deterioro social, sino en atomizar la oferta opositora. Su estrategia consiste en presionar a Macri para que inste a Rodrigo de Loredo (UCR) a disputar la gobernación, fragmentando así el frente de derecha que hoy colisiona bajo los liderazgos del libertario Gabriel Bornoroni y el senador Luis Juez. Por su parte, el expresidente utiliza a Córdoba —histórico enclave del proyecto neoliberal— como moneda de cambio para su encastre nacional conservador, buscando subordinar al radicalismo bajo lógicas que la propia Casa Rosada monitorea a través de operadores tradicionales como el clan Menem.

Esta alquimia de palacio ilustra una disputa de intereses estructurales donde la política se reduce al reparto de casilleros institucionales. Mientras el oficialismo provincial y el bloque PRO-libertario configuran su supervivencia para garantizar las tasas de ganancia concentradas del gran capital y del agronegocio, se consolida un modelo que debilita la soberanía política regional y desmantela tanto el entramado industrial como el poder adquisitivo del salario. La sumisión del "cordobesismo" a estas lógicas de acumulación regresiva neutraliza las banderas históricas de la justicia social y la independencia económica, subordinando la provincia a corporaciones económicas y mediáticas que blindan judicialmente estos pactos de cúpula.

Frente al inminente escenario electoral, la rosca corporativa ratifica que las élites priorizan el ordenamiento de sus internas por sobre la degradación de las condiciones de vida del pueblo trabajador. La reconstrucción de una alternativa nacional, popular y verdaderamente transformadora continúa postergada por un tacticismo huérfano de vocación nacional.