La fantasía del "mileísmo sin Milei": el círculo rojo especula ante el fracaso social del modelo

El último estudio de Zuban Córdoba revela el agotamiento prematuro del experimento libertario. Mientras el establishment busca alternativas de recambio, el rechazo popular al ajuste estructural consolida un techo insalvable para las derechas.

La fantasía del "mileísmo sin Milei": el círculo rojo especula ante el fracaso social del modelo
La fantasía del "mileísmo sin Milei"

La velocidad del deterioro social en la Argentina actual solo es comparable con la precocidad con la que el poder económico intenta despegarse de sus propios instrumentos políticos. El círculo rojo —esa entente de corporaciones mediáticas y financieras— ya asiste al "desenamoramiento" de la gestión de Javier Milei. El motivo responde a una estricta supervivencia de clase: el brutal impacto del ajuste sobre el trabajo y la producción nacional licúa aceleradamente la sustentabilidad política del Gobierno.

Según el informe de la consultora Zuban Córdoba, el mandatario registra un contundente 57,2% de rechazo electoral. Ante esta parálisis productiva, las elites ensayan su nuevo fetiche defensivo: el "mileísmo sin Milei". La especulación corporativa busca ungir figuras de recambio como Mauricio Macri o Patricia Bullrich para garantizar la continuidad del modelo de sumisión financiera y desguace estatal, prescindiendo de la desgastada conducción original.

Sin embargo, los datos duros destruyen la fantasía del establishment. El estudio demuestra que tanto Macri (56,8% de rechazo) como Bullrich (56,4%) comparten idéntico piso y techo electoral que el presidente, operando sobre los mismos segmentos sociales. Ninguno logra pescar fuera de la pecera de la derecha radicalizada, evidenciando que un mero recambio de rostros que mantenga el rumbo de miseria planificada carece de viabilidad para las mayorías populares.

La gran ausente en las mesas de diseño de la elite sigue siendo la sociedad que padece la crisis. La disputa de fondo en la Argentina actual no es una interna de nombres en el ajedrez del poder, sino una colisión estructural de modelos: de un lado, la dependencia colonial pro-mercado; del otro, un proyecto soberano, nacional y popular firmemente arraigado en la producción genuina, el trabajo digno y la irrenunciable justicia social.