La olla a presión de los precios: la inflación mayorista saltó al 5,2% y amenaza el bolsillo popular
El índice del INDEC duplicó la inflación minorista de abril, impulsado por el encarecimiento de la energía y los insumos básicos. El dato quiebra el relato oficial de la "desaceleración" y anticipa una inminente presión sobre los precios de las góndolas.
La terca realidad de la estructura económica argentina volvió a derribar las proyecciones del Palacio de Hacienda. Según informó el INDEC, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró en abril una fuerte aceleración al trepar hasta el 5,2%. El dato no solo representa una suba de 1,8 puntos porcentuales respecto al mes anterior, sino que duplica el 2,6% de la inflación minorista. Al marcar el nivel más alto en dos años, el indicador desnuda la inviabilidad del esquema de desregulación que el bloque de poder actual pretende consolidar.
El salto fue traccionado principalmente por un extraordinario ascenso del 22,9% en el casillero de petróleo crudo y gas. Si bien el Ministerio de Economía ensaya argumentos basados en shocks externos y conflictos geopolíticos globales, la dinámica local expone relaciones de poder asimétricas. La decisión de acoplar los recursos soberanos a las fluctuaciones del libre mercado internacional no hace más que desproteger la producción nacional y el entramado social, transfiriendo riqueza desde los sectores del trabajo hacia los holdings concentrados de la energía.
La brecha entre el eslabón mayorista y el mostrador de las minoristas devela una preocupante olla a presión. Los incrementos en insumos productivos básicos y combustibles refinados operan como un costo hundido que, tarde o temprano, se traslada de forma directa a las góndolas. Este desfasaje anticipa una nueva embestida contra el poder adquisitivo de las familias trabajadoras, cuyos ingresos ya se encuentran fuertemente licuados por el plan de ajuste fiscal y la recesión inducida.
Cuando la base de la pirámide productiva se encarece, el mercado interno cruje. La teoría monetarista que reduce la inflación a un mero fenómeno de emisión carece de densidad para explicar este proceso. Lo que el dato de abril evidencia es la puja distributiva de una economía desanclada, donde el Estado resigna la planificación estratégica de sus recursos estratégicos. Así, bajo el pretexto de la disciplina fiscal, se agudiza la desprotección del salario, confirmando que la única variable de ajuste real sigue siendo el bienestar de los sectores populares.
