Ladrillos inaccesibles: el costo de construir trepa por encima de la inflación y paraliza el acceso a la vivienda
Los insumos y la urgencia salarial empujan un salto del 3,7% en el sector. Sin obra pública y con el crédito pulverizado, el mercado se reduce a la especulación inmobiliaria de los sectores concentrados.
La escalada de costos en el sector de la construcción sumó un nuevo capítulo de alerta estructural. Según el último relevamiento de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), el índice general registró una suba del 3,7% durante el último mes, posicionándose por encima de la inflación general. Este incremento estuvo traccionado principalmente por el costo de la mano de obra, que anotó un alza del 5% en un intento desesperado de los trabajadores de la construcción por recomponer salarios frente a la pérdida de poder adquisitivo, seguido de cerca por el persistente aumento en los materiales esenciales como el cemento y el acero.
Detrás de la frialdad de las cifras macroeconómicas se esconde un drama social profundo que golpea directamente el corazón de la soberanía nacional y la independencia económica: el acceso real a la vivienda digna para los sectores populares y las clases medias. Con la decisión deliberada de la gestión de Javier Milei de paralizar de forma absoluta la obra pública y licuar los programas de vivienda social, la construcción ha dejado de ser un motor de inclusión y distribución federal para convertirse en un terreno exclusivo de la especulación financiera y el desarrollo inmobiliario suntuario de los estratos más concentrados.
La paradoja es alarmante. Mientras los insumos dolarizados continúan encareciendo el metro cuadrado y los grandes proveedores de materiales retienen stock bajo criterios especulativos, el entramado pyme y las cooperativas de trabajo asociadas a la urbanización de barrios populares quedan al borde de la quiebra. La parálisis de los proyectos de infraestructura sociocomunitaria no solo destruye miles de puestos de trabajo directos e indirectos —históricamente dinamizados por la mística del gremio de la UOCRA— sino que degrada el tejido social de las periferias urbanas.
La dinámica actual expone la ausencia total de un Estado regulador. Al clausurar el crédito hipotecario accesible y desfinanciar la planificación urbana nacional, el libre mercado condena a millones de familias argentinas al hacinamiento o al despojo de los alquileres informales. La construcción de viviendas, concebida por el peronismo como una herramienta elemental de justicia social y reactivación económica, queda reducida hoy a una variable de ajuste financiera que prioriza el resguardo de valor de unos pocos por sobre la dignidad habitacional de la Nación.
