La “excusa” del barril: Caputo proyecta una inflación de marzo al alza y descarga el costo sobre los sectores populares

Bajo el pretexto de un "shock externo" en el precio del petróleo, el Ministro de Economía adelanta que el IPC de marzo superará el 3%. En un escenario de salarios pulverizados y recesión inducida, el Palacio de Hacienda ensaya una narrativa de "fuerza mayor" para justificar el fracaso en la estabilización de los precios básicos.

La “excusa” del barril: Caputo proyecta una inflación de marzo al alza y descarga el costo sobre los sectores populares
La “excusa” del barril

Desde el cómodo estrado de la Bolsa de Comercio de Rosario, un ámbito históricamente afín a la especulación financiera y la rentabilidad agroexportadora, Luis Caputo volvió a ejercer su rol de equilibrista entre las expectativas del mercado y la cruda realidad de la calle. En la previa de la difusión oficial del INDEC, el ministro anticipó lo que millones de argentinos ya sienten en el mostrador: la inflación de marzo cortará la racha de desaceleración y se ubicará, "seguramente", por encima del 3%.

La explicación oficial, teñida de un determinismo geopolítico conveniente, apunta al "shock del petróleo" derivado de los conflictos en Medio Oriente. Sin embargo, detrás de la variable internacional, asoma una decisión política doméstica: la de sostener un esquema de precios desregulados donde la energía y los combustibles actúan como correas de transmisión que castigan, de manera desproporcionada, al entramado productivo nacional y a los bolsillos de las familias trabajadoras.

La trampa de la "Independencia Económica" condicionada

El argumento de Caputo sobre el crudo no solo busca externalizar las culpas de la dinámica inflacionaria, sino que omite la renuncia sistemática del actual Gobierno a utilizar herramientas de soberanía energética. Al desmantelar los mecanismos de desacoplamiento entre los precios internacionales y los costos internos —históricamente defendidos por el pensamiento nacional-popular para proteger la industria y el consumo—, la gestión actual entrega la mesa de los argentinos a los vaivenes de la pizarra de Londres o Texas.

Este "shock" no impacta solo en las estaciones de servicio. Se traslada, mediante la logística y los costos de insumos, a los alimentos de la canasta básica. Para el trabajador informal, para el jubilado que percibe la mínima y para el pequeño productor, el "3% y algo" de Caputo no es una estadística técnica, es un recorte directo en la calidad de vida y una transferencia neta de recursos hacia los sectores concentrados de la energía y las finanzas.

Actores y disputas: El capital financiero vs. el trabajo

En su disertación, el ministro prometió que abril marcará el inicio de "los mejores 18 meses de las últimas dos décadas". Esta promesa de "luz al final del túnel" contrasta con los datos de consumo que las consultoras —incluso las menos críticas— ya califican de "caída libre". La estrategia del Palacio de Hacienda parece clara: consolidar un modelo de "paz cambiaria" basado en la recesión y el endeudamiento, mientras se le pide a la población un "sacrificio" que no tiene correlato en los sectores que hoy brindan con el ministro en Rosario.

Mientras Caputo viaja a Washington a buscar el aval del FMI y un desembolso de USD 1.000 millones, la deuda social se profundiza. La "desinflación" que promete el Gobierno no nace de un aumento de la oferta o de una mejora en la productividad, sino de la imposibilidad de compra de las mayorías. En este esquema de poder, la justicia social es vista como una "distorsión de mercado" y la soberanía política queda reducida a cumplir con las metas fiscales de los organismos internacionales.

Conclusión: Un modelo que cruje por la base

La noticia no es que la inflación sube por el petróleo; la noticia es que el Estado ha decidido dejar de proteger a sus ciudadanos frente a las crisis externas. Cuando el ministro habla de "estacionalidad" en educación y "shock" en combustibles, está describiendo una economía que ha perdido su brújula social.

El desafío para las fuerzas populares y el pensamiento crítico nacional es desarmar este discurso de la "inevitabilidad". No hay destino de pobreza si hay voluntad política de intervenir en las cadenas de valor y priorizar el trabajo nacional por sobre el rendimiento de los bonos. Mientras tanto, la realidad de marzo confirma que, en la Argentina de Caputo, los precios suben por el ascensor de los mercados globales, mientras los salarios siguen intentando subir por la escalera de una paritaria siempre retrasada.